La voz de Iris sacó a Nanette de sus pensamientos.
—Vicepresidenta Larco, ¿qué vamos a hacer?
Pero Nanette no mostró el pánico que Iris esperaba, como si ya hubiera anticipado que esto pasaría.
Ese día iba a llegar tarde o temprano.
Solo que llegó un poco antes de lo imaginado.
—No le hagas caso. Sigue con tu trabajo habitual, que esto no te distraiga —respondió Nanette con calma.
—Descuide, Vicepresidenta Larco, no descuidaré el trabajo. Es solo que estoy preocupada por usted.
Nanette soltó una risa aliviada.
—No hay de qué preocuparse. Ya que pasó, habrá que enfrentarlo y punto.
—¿A qué hora vendrá a la oficina? Puedo ir a recogerla.
—No hace falta. Llegaré un poco tarde, tomaré un taxi. Tenemos la junta mensual por la tarde, ve preparando los documentos.
Iris colgó el teléfono y volteó a ver a la persona a su lado.
—Su voz no cambió en absoluto, sonaba súper tranquila. Hasta me pidió que preparara los documentos para la junta de la tarde, parece que no le afectó en nada.
Gael, que había usurpado su silla de oficina, tenía un brazo apoyado en el escritorio y giraba ágilmente un bolígrafo entre sus dedos.
—Si puede mantener la calma con un escándalo de esta magnitud, significa que ya estaba lista para enfrentarlo.
Y, desde otro punto de vista, también demostraba que había comenzado a aceptar y asumir sus sentimientos por King.
—Fíjate nada más, mira esa actitud y luego mírate a ti. Es la diferencia entre el cielo y la tierra —se burló Gael.
Iris ya estaba acostumbrada a sus regaños.
—Aun así me preocupa. Si esto se hace más grande, ¿podría perjudicar a la Vicepresidenta Larco?
Gael alzó una ceja.
—¿Acaso crees que King está pintado o qué?
—¡Claro que no! Sé que Noel la protegerá —respondió Iris, aunque admitió:— Ya ni me atrevo a ver los comentarios. La gente está diciendo cosas horribles.
—Si son cosas horribles, entonces no las leas.
—Tienes razón, mejor no leo nada. La gente habla por hablar, no saben nada y opinan lo que se les da la gana.
—Iris —dijo Gael, cambiando repentinamente a un tono serio.

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