Nanette se sentó en su lugar y encendió su computadora.
—La verdad, no me interesa saber quién fue.
—¿Entonces qué te interesa? —preguntó Gael.
—Me interesa ver si he perdido el toque. Hace mucho que no hago algo como esto.
Gael se quedó mudo unos segundos antes de soltar una carcajada.
—No me digas que vas a...
Cinco minutos después.
—Listo —dijo Nanette.
Gael revisó la hora.
—Parece que sí perdiste un poco de práctica. Tu récord anterior tumbando un sitio web fue de apenas un minuto.
Nanette sonrió.
—Esta vez les tomará varios días recuperar todos sus datos.
Resultó que Nanette acababa de tumbar el portal de noticias que publicó la exclusiva.
Aunque sabía que el contenido ya había sido replicado en otras páginas.
Pero no le importaba, solo lo había hecho por diversión y para no oxidarse.
Nanette apoyó la barbilla en su mano, mirándolo fijamente.
—¿Por qué lloraba Iris?
Gael alzó una ceja.
—¿Todavía tienes cabeza para meterte en la vida de los demás?
—¿Por qué no la tendría? Lo que pasó, pasó.
—Tienes razón, al fin y al cabo, si el cielo se cae, ahí está King para sostenerlo.
Mientras revolvía unos documentos en su escritorio, Nanette volvió a preguntar.
—¿Fuiste tú quien la hizo llorar?
—No —respondió Gael con una mueca.
—¡En toda la empresa, nadie más que tú podría hacerla llorar así!
Gael se sorprendió un poco.
—¿Lloró mucho?
—Sí, cuando llegué tenía los ojos hinchadísimos. Era obvio que había estado llorando.
Gael se acomodó en su asiento.
—Ella fue la que dijo cosas hirientes. ¿Por qué tendría que llorar?
A Nanette le entró la curiosidad.

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