Al escuchar esas palabras, Jovita recordó de golpe.
Había olvidado por completo ese Pacto de Libertad.
Ocurrió la noche antes de anunciar su compromiso oficial. Al igual que ahora, estaban sentados a cierta distancia, discutiendo los pormenores del evento.
Más que una charla sobre su futuro juntos, parecía que estaban negociando los términos de un contrato corporativo.
Una conversación fría, distante y excesivamente educada.
Para nada como un par de novios que iban a unir sus vidas al día siguiente.
—Si lo olvidaste, puedo recordártelo —dijo Noel.
—¡No, no lo he olvidado!
Jovita lo cortó de inmediato.
No quería escuchar las palabras de aquel acuerdo salir de la boca de él.
Sería demasiado humillante.
Porque había sido la propia Jovita quien propuso dicho acuerdo.
En aquel momento, ella le había dicho textualmente a Noel:
«Ya no tengo corazón para volver a amar a nadie, así que no necesitas darle ninguna importancia a nuestro matrimonio. Aunque nos comprometamos, ambos seremos libres. Puedes seguir buscando a la persona que amas. Y si algún día encuentras a alguien que de verdad despierte tus sentimientos, podemos cancelar este compromiso en cualquier momento».
Esas habían sido sus palabras exactas.
Sin omitir ni una sola sílaba.
En este momento, Jovita se arrepentía con toda el alma. Se maldecía por haber dicho tal cosa.
¿Cómo iba a saber que tres años después terminaría enamorada de él?
Jovita sentía que moría de la vergüenza.
Si se negaba a aceptar, estaría escupiendo para arriba, y todo caería sobre su propio rostro.
Pero si aceptaba, no lo soportaría.
Un hombre tan extraordinario, que legalmente ya era suyo, y ahora tendría que entregarlo en bandeja de plata.
Le hervía la sangre de coraje; simplemente no podía dejarlo ir.
El camarero regresó sirviendo exquisitos platillos que parecían un manjar de dioses.
Pero a Jovita ya se le había cerrado el estómago por completo.
El nudo que tenía atorado en la garganta no subía ni bajaba, torturándola lentamente.
Tomó una bocanada de aire profundo.
—Dame tiempo para pensarlo.
Noel no intentó acorralarla.
—De acuerdo. Pero sería mejor si me das una fecha límite.
Jovita apretó los labios.

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