Antes de que Venancio pudiera reaccionar, alguien le rodeó el cuello por detrás con un abrazo efusivo. Al escuchar ese alegre «¡Venancio!», su rostro se puso verde.
Venancio se deshizo de las pequeñas manos de Zulema a la fuerza.
—¡Estás buscando la muerte!
A pesar de su enojo, Zulema no se ofendió en absoluto.
—Es que me emocionó mucho verte.
Luego, sin perder los modales, saludó a los demás.
—Hola, Noel. Hola, Xavier.
Xavier y Noel intercambiaron una mirada y respondieron al unísono:
—Hola.
—Hola.
Esta chica era verdaderamente peculiar.
Aunque apenas los conocía, los saludaba con demasiada confianza. Que supiera el nombre de Noel no era raro, pero ¿cómo sabía el nombre de Xavier?
Venancio estaba desconcertado.
—¿Cómo es que conoces a Xavi?
Zulema arrastró una silla y se acomodó justo al lado de Venancio.
Xavier no tuvo más remedio que mover su asiento hacia Noel para hacerle espacio a la joven.
Zulema habló con total naturalidad:
—Porque estos días me dediqué a investigar a todas las personas de tu círculo.
Y empezó a contar con los dedos:
—Noel y Xavier son tus mejores amigos. Nanette es tu gran amiga y también la persona que solía gustarte.
—Y también están Gael, Isaac, y...
—¡Alto ahí! —Venancio la miró con los ojos muy abiertos—. ¿Me estuviste investigando?
Zulema acercó sigilosamente el cóctel de Venancio hacia ella.
—¿Cómo que investigando? Eso se llama conocerte. Eres el hombre que me gusta, obviamente tengo que aprender más sobre ti y sobre los que te rodean. Tus amigos también son mis amigos.
Dicho esto, volteó hacia Noel.
—Noel, ¿tengo razón?
Noel le dedicó una sonrisa elegante.
—Tienes razón.
La chica luego miró a Xavier.
—Xavier, ¿tengo razón?
Aunque Xavier no sonrió, suavizó su tono de voz lo más que pudo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó