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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 876

Zulema estaba en cuclillas, acariciándole la cabeza a un gato callejero. El gatito se frotaba contra sus piernas y ella, sin importarle la suciedad, le hablaba con voz dulce.

Por un segundo, a Venancio se le ablandó el corazón, pero cuando abrió la boca, sonó tan rudo como de costumbre.

—¡Te dije que te quedaras en el coche! ¡¿Qué haces aquí?!

Zulema levantó la mirada y señaló al animalito.

—Venancio, mira qué hermoso es. ¡Vamos a llevarlo a casa!

—¡Ni lo pienses! —se negó él de inmediato—. ¿Dónde se supone que lo vas a meter? ¡En el hotel no aceptan mascotas!

Ella lo miró como si la respuesta fuera la cosa más obvia del mundo.

—Pues en tu casa, obvio.

Venancio frunció el ceño.

—¡¿Estás loca?!

Estaba sucio, soltaba pelo y él jamás tendría un animal así en su casa.

Zulema hizo un puchero.

—Cuando Nanette quiso adoptar a ese perrito callejero, a Noel no le gustaban los animales, pero aun así dejó que se lo quedara y le puso Bocadillo. ¿Por qué no puedes ser como él y ayudarme a rescatar a este gatito?

—Porque yo no soy Noel, y tú no eres Nanette. ¿Te quedó claro?

—Pero si lo dejamos aquí, se va a morir de hambre.

—No, alguien más le dará de comer.

—Pero va a tener frío.

—Si fuera a morirse de frío, ya se habría muerto.

—Pero...

—¡¿Te subes al coche o me voy solo?!

Lo único que Venancio quería era llegar a casa, darse una buena ducha y dormir en su cómoda cama. No tenía la más mínima intención de quedarse en la calle discutiendo sobre un gato con una niña mimada.

—Pero yo quiero llevarlo con nosotros.

—¡Es imposible!

—Venancio, te lo supli...

—¡Cállate! ¡Si dije que no, es que no!

—Pero míralo, da mucha lástima.

La paciencia de Venancio estaba llegando a su límite.

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