Zulema apretó los labios y asintió obedientemente.
Sin embargo, a mitad del camino, su voz volvió a escucharse en el auto.
Aunque esta vez, no le estaba hablando a Venancio.
Le hablaba al gato.
—A ver, gatito hermoso, te voy a poner un nombre. El perrito de Nanette se llama Bocadillo, así que tú te llamarás Empanadita. ¿Te gusta? Y yo soy tu mamá Zulema. El gruñón que va manejando ahí adelante es el novio de tu mamá, se llama Venancio. Desde hoy vas a vivir en su casa, así que te tienes que portar muy bien, ¿eh? Porque si te portas mal, es capaz de tirarte a la calle. Y también...
Siguió parloteando sin parar.
Varias veces Venancio estuvo a punto de regañarla, pero logró contenerse.
Una chica rica y mimada desde la cuna, pero que aún conservaba un corazón tan puro e inocente, era toda una rareza en esos tiempos.
«Que haga lo que quiera. Al fin y al cabo, solo serán tres meses», se resignó Venancio.
***
Tras el incidente del muñeco de terror, Nanette pensó que los fanáticos de Jovita no se detendrían ahí. Pero pasaron los días y no ocurrió nada similar.
Todo estaba en calma.
Noel, desde el extranjero, rara vez se comunicaba con ella, y Nanette tampoco quería interrumpirlo.
Las pocas veces que le escribía, era solo para preguntarle cómo se sentía. Y la respuesta de ella siempre era la misma: «Estoy muy bien».
A él le bastaba con saber eso.
Una tarde, mientras Nanette empacaba sus cosas para irse a casa, recibió un mensaje de un número desconocido. Pensó que era publicidad, pero al leerlo se quedó pasmada.
Era un mensaje de Jovita Zamora.
[Nanette, ¿tienes tiempo? Me gustaría que cenáramos juntas. Solo nosotras dos.]
Nanette miró la pantalla durante un largo rato, sin saber qué responder.
Intuía que no se trataba de una simple cena amistosa. Pero le sorprendía que, sabiendo lo suyo con Noel, Jovita todavía la llamara por su nombre con tanta confianza.
¿Acaso no le importaba? ¿O escondía algo más?
Unos golpes en la puerta la sacaron de sus pensamientos. Era Iris.
—Vicepresidenta, ¿ya nos vamos?
Nanette terminó de escribir su respuesta y miró a su asistente.
—Llévate tú el auto. Tengo un compromiso.

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