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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 896

No tengas miedo.

Unas palabras tan simples, pero que lograron envolver a Irene en un calor que nunca antes había sentido.

¿Quién le iba a decir que la persona que le diría esas palabras y saldría en su defensa terminaría siendo la misma mujer a la que ella alguna vez había herido?

Las nuevas lágrimas de Irene no eran por la bofetada ni por las humillaciones de Galileo.

Eran única y exclusivamente por el consuelo que le brindaron las palabras de Nanette.

Galileo no se esperaba encontrar a Noel en ese lugar. Una chispa de desconcierto cruzó por su rostro, pero la enmascaró rápidamente.

—¿Acaso el señor Cortés tiene la costumbre de meter las narices donde no lo llaman?

Los ojos de Noel, oscuros y profundos, lo observaron sin prisa. Su tono fue calmado, casi aburrido.

—El presidente Godoy siempre tan rápido para juzgar a los demás. Estamos en un lugar público, nadie está metiendo las narices en ninguna parte.

Una sombra de furia cruzó el rostro de Galileo.

Intentaba a toda costa mantener la compostura frente a su gran rival.

Pero la rabia era tanta que, al final, desistió de intentar controlarse.

—¿Acaso el señor Cortés no me escuchó? ¡Ya dije que desalojaran el lugar!

Noel respondió con absoluta serenidad:

—Hasta el día de hoy, nadie ha tenido el poder de echarme de ningún sitio. Creo que el presidente Godoy tiene el ego demasiado inflado.

El semblante de Galileo se tornó gélido.

—Señor Cortés, usted y yo siempre hemos mantenido las distancias. No hay necesidad de que se ponga tan a la defensiva.

—Me parece que el que ha estado a la defensiva y atacando a diestra y siniestra es usted.

—¿En qué momento lo he atacado?

—A mí no, pero sí a mi amiga.

¿Amiga?

Galileo soltó una carcajada como si le hubieran contado el mejor chiste del mundo.

—¿Me está diciendo que esta mujer es su amiga? —se burló con desdén—. ¿Ahora resulta que el señor Cortés ya no tiene límites para elegir a sus amistades? ¿Acaso no sabe a qué se dedica esta mujer?

Irene se encogió, temblando.

Ese era el hombre al que había amado en silencio durante tres años...

Pero al mismo tiempo, la sorpresa la inundó.

¿El señor Cortés acababa de llamarla su amiga?

Aunque en el fondo sabía que Noel lo había dicho únicamente por respeto a Nanette.

Tenía que amarla con locura para seguirle la corriente y proteger lo que a ella le importaba de forma tan incondicional.

Noel esbozó una sonrisa que no llegó a sus ojos.

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