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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 899

El silencio reinó en el interior del vehículo durante un par de segundos. Al girar para mirarlo, ella se encontró con unos ojos rebosantes de ternura y un rostro iluminado por un aura especial.

Nanette se acarició una mejilla, sintiéndose ligeramente cohibida.

—¿Por qué me miras así?

De pronto, él se inclinó hacia ella.

Nanette retrocedió un poco por inercia, sintiendo cómo el corazón le empezaba a martillar el pecho.

—¿Qué haces?

La expresión de Noel se volvió sumamente seria.

—Lo que dijiste hace un momento... ¿Ibas en serio?

Nanette decidió hacerse la desentendida.

—¿Sobre qué?

Noel frunció el ceño.

—¿Ya se te olvidó?

—Mmm, tal vez con todo el drama de hace rato se me borró la memoria. ¿Me refrescas la mente?

En la inmensidad de esos ojos oscuros y profundos, ella vio su propio reflejo. Él la miraba con una concentración tan intensa y apasionada que sentía que podía ahogarse en su mirada.

Justo cuando un atisbo de decepción comenzaba a asomarse en el rostro de Noel, Nanette no aguantó más.

Levantó los brazos y los enlazó alrededor de su cuello.

—Estaba bromeando.

—Entonces, ¿no lo has olvidado?

Nanette soltó una risita traviesa.

—Claro que no, no tengo amnesia.

—Pero entonces, hace un momento...

—Solo quería molestarte un poco.

Extendió una mano y le dio un toquecito en la mejilla con el dedo índice.

—Qué poco aguantas las bromas.

—No es que no aguante las bromas —murmuró, mientras tomaba los dedos de ella y los besaba con suavidad—. Es que me aterra la idea de que cambies de opinión de un momento a otro. Sentiría que estoy peleando esta batalla yo solo.

Un escalofrío de anticipación le recorrió el cuerpo entero, y su pulso se descontroló por completo.

—Teniendo a un hombre como tú enfrente, sería una reverenda idiota si siguiera dudando.

Comenzó a juguetear distraídamente con el botón del cuello de su camisa.

—A partir de ahora, a menos que tú decidas que ya no me quieres, pienso quedarme pegada a ti por el resto de mi vida.

Noel abrió la boca para responder, pero ella se le adelantó.

—Pero tienes prohibido dejarme. Si algún día se te ocurre botarme, te juro que voy a dejarte en la calle y me iré a gastar todo tu dinero con un jovencito guapo.

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