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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 907

Venancio frunció el ceño, se quedó pensando un segundo, y de inmediato sacó su celular.

Nanette se asustó y le sujetó la mano.

—¡Qué vas a hacer!

—Voy a llamarle a Noel para preguntarle qué demonios está pasando.

—No lo llames.

—¿Por qué no? Hay que aclarar las cosas.

—Tal vez tengan algo muy importante de qué hablar. —El tono de Nanette se volvió melancólico—. Además, técnicamente siguen siendo prometidos, es lo más normal del mundo que se reúnan.

Venancio no insistió más y guardó el teléfono.

—¿Tienes hambre?

Nanette se recargó en el sofá, sin energías.

—Sí, todavía no he cenado.

—Entonces espérame aquí. Voy a salir a traerte algo de comer.

Nanette asintió distraídamente.

Antes de irse, Venancio se dirigió a la habitación de invitados y golpeó la puerta.

Zulema asomó la cabeza.

—¿Ya puedo salir?

—Voy a salir a comprarle la cena a Nanette. Hazle compañía, pero no la aturdas con tus pláticas.

A Zulema se le iluminó el rostro.

—¡Claro! No te preocupes. Si Nanette no quiere hablar, me quedaré muda como una tumba.

Venancio soltó una carcajada irónica.

—Sí, claro, y yo nací ayer.

Desde que esa chica se mudó con él, no había dejado de parlotear ni un solo día.

A veces lo sacaba tanto de quicio que le daban ganas de echarla a la calle.

Y lo habría hecho, si ella no supiera hacerse la víctima con tanta maestría.

Al salir del edificio, Venancio le envió un mensaje de texto a Noel.

[Nanette está en mi casa. Ya te hice el favor de retenerla, pero más te vale venir rápido y explicar qué diablos hacía Jovita contigo.]

Zulema se sentó al lado de Nanette en el sofá.

—Nanette, te ves muy triste.

—¿Se nota tanto?

—Sí, lo tienes escrito en la cara.

Nanette clavó la mirada en el rostro dulce e inocente de la joven.

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