Las piernas de Nanette llevaban rato entumecidas.
Puso la mano sobre la de Noel y, apoyándose en él, salió del clóset.
En cuanto intentó apoyarse, las piernas se le doblaron y el mundo se le vino abajo.
Noel fue rápido y la atrapó en sus brazos.
Sin pensarlo, Nanette lo sujetó de la cintura, buscando equilibrio como quien se salva de una caída… y de paso de sí misma.
En ese instante, la postura de ambos se veía demasiado comprometedora.
Isaac parpadeó al ver la escena, como si estuviera alucinando.
Parecía que Nanette era la prometida de Noel.
Se veían como la pareja perfecta.
Al darse cuenta de lo inapropiado de la posición, Nanette se apartó de inmediato de los brazos de Noel.
—Perdón, se me entumecieron las piernas.
Noel la miró con preocupación.
—Allá adentro casi no había aire, ¿crees que te haga daño?
Nanette tardó unos segundos en entender a qué se refería.
—No es para tanto, no te preocupes.
Se notaba que de verdad estaba angustiado.
—Menos mal —dijo Noel.
—Lo que dijiste hace rato... solo lo hiciste para ayudarme, ¿verdad? —preguntó ella.
—Fue un imprevisto.
—¿De verdad vas a ir?
—Dije que haría lo posible.
Isaac se acercó para bromear:
—Jefe, con tal de ayudar a Nanette, hasta su atractivo está dispuesto a sacrificar.
Nanette quiso reírse, pero no le salió.
—Fui muy descuidada ahí dentro, te metí en problemas.
—No seas tan dura contigo misma —respondió Noel—. Si alguien tuvo la culpa, fui yo. Debí organizar un lugar más seguro para vernos. Para la próxima lo tendré en cuenta.
Al escuchar eso, Nanette se quedó sin saber qué decir.
Reconocer los errores era bueno, pero que alguien que no tenía la culpa se disculpara tan abiertamente la hacía sentir aún más avergonzada.
Nanette cambió de tema.
—Camila renunció a su último trabajo, así que le recomendé tu empresa.
—Ya vi su currículum.
—Es un talento difícil de encontrar. Quería recomendártela desde antes, pero como tenía trabajo preferí no decir nada. Ahora es el momento perfecto.
—¿Encontrar a alguien?
—Sí, es la empleada que trabajaba en la casa de la familia Godoy, se llama Melba.
Aunque Noel no hizo más preguntas, Nanette se sintió en la necesidad de explicarle.
—Por mi culpa, la despidieron de la casa de los Godoy —dijo con pesadumbre—. Yo la metí en este problema.
»Melba ya es una mujer mayor y su situación económica no es muy buena. Me angustia mucho, por eso quiero encontrarla.
Noel ni siquiera lo dudó.
—De acuerdo, la encontraré lo más pronto posible.
—Gracias.
Isaac intervino con total seguridad:
—Señorita Larco, usted tranquila. Si el jefe quiere encontrar a alguien, no hay quien se le esconda. El jefe es un chingón para estas cosas.
Nanette sonrió.
—Este asistente tuyo es tu mayor fan, no ha dejado de echarte flores.
Noel esbozó una leve sonrisa.
—Siempre habla sin pensar y a veces exagera un poco, no le hagas caso.
Isaac se ofendió.
—Jefe, ¿cuál exagerar? Si la neta sí es muy cabrón.

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