Nanette sonrió y dijo con un tono un poco consentido:
—No diga siempre nieto. Yo sigo deseando que sea una niña.
A Joaquín se le escapó una sonrisa genuina.
—Está bien, una nieta también me haría feliz. Pero entonces tendrás que hacer el esfuerzo y darme otro, al menos para asegurar a mi sucesor. Como el heredero actual ya es caso perdido, tendré que criar uno nuevo.
Nanette soltó una carcajada.
—Me parece justo.
Tras acompañar a Joaquín a la puerta, Nanette se detuvo al pasar junto a Iris.
—Iris, por favor, acompaña a Don Joaquín al auto y ayúdalo a subir unas cosas.
—Enseguida, Vicepresidenta Larco —respondió ella.
Antes de irse, el semblante de Joaquín se tornó un poco más serio.
—Ya que estás tan decidida a estar con él, te pido que no te arrepientas. Noel sacó el carácter de su madre; cuando se enamora, es terco hasta la médula. Una vez que elige a alguien, jamás la suelta. Por eso... te pido que no lo lastimes. Porque de lo contrario...
Nanette le sostuvo la mirada y sonrió con dulzura.
—No lo haré.
Al volver a la oficina, dejó escapar un gran suspiro de alivio.
Nunca imaginó que la actitud de Joaquín daría un giro tan radical.
Quizás era por el bebé que esperaba.
O tal vez por las rodillas de Noel tocando el suelo.
Fuera cual fuera la razón, el resultado era todo lo que habían soñado.
El obstáculo más grande entre ella y Noel había desaparecido.
Sin embargo, al pensar en que él se había arrodillado, el corazón se le encogió de tristeza.
Noel estaba sentado en la silla que ella había ocupado, tomando de la misma taza de té.
Su expresión era radicalmente distinta a la de minutos antes.
Se le veía relajado, con una suave y cautivadora sonrisa adornando sus labios.
Nanette, cansada de estar de pie, se apoyó en el sofá y le habló desde allí.
—Tú, que siempre eres tan sereno e imperturbable... ¿por qué perdiste los estribos de esa manera? Entraste gritando sin siquiera preguntar qué estaba pasando.
Noel se levantó, se acercó a ella y se arrodilló frente al sofá. Con infinita ternura, apoyó la cabeza contra su vientre, escuchando con atención cualquier movimiento del bebé.
—Tenía terror de que él te dijera algo que te hiciera dudar, y que toda tu determinación de estar conmigo se esfumara.
A Nanette se le apretó el corazón.
Él la amaba demasiado.

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