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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 978

Nanette estaba a punto de llamar a Irene, cuando Félix Larco la interrumpió.

—Nanette...

Félix tenía una expresión de absoluto desespero.

Nanette echó un vistazo a su bebé.

Don Joaquín lo tenía en brazos, haciéndole mimos.

El anciano estaba realmente encantado con su nieto.

Desde que nació el niño, sonreía mucho más y hasta parecía tener una energía renovada.

Nanette contuvo la risa.

Porque ya se imaginaba qué era lo que Félix iba a decirle.

Y en efecto:

—Nanette, quiero renunciar.

Ella se lo recordó con buena intención:

—Me parece que tú no eres empleado de mi empresa. Si quieres renunciar, deberías hablarlo con tu jefe.

Félix puso cara de derrota.

—Me encantaría hacerlo, pero no me atrevo.

Nanette ya no pudo aguantar la risa.

—¿Acaso hay algo a lo que no te atrevas?

—Claro que sí. —Félix miró disimuladamente hacia donde estaba Noel. Estaba furioso, pero no se animaba a demostrarlo—. ¡Mi cuñado me mintió! Dijo que ser Jefe de Almacén era un puesto gerencial de gran nivel, ¡y mira lo que resultó ser!

El señorito de la familia Larco extendió sus dos manos en un gesto lastimoso.

Podían verse callos de diferentes tamaños en la base de sus palmas.

Por lo visto, había estado haciendo mucho trabajo pesado.

Félix, sintiéndose cada vez más agraviado, siguió quejándose:

—¡Cuál puesto gerencial ni qué ocho cuartos! ¡Literalmente es cuidar una bodega! ¡Y no solo tengo que llevar el control de todo, sino que también me obligan a cargar y descargar mercancía!

—¡Nanette! ¡Ese no es trabajo para un humano! ¡Esto es una tortura pura y dura!

Nanette respondió con toda la calma del mundo:

—Si otras personas pueden hacerlo, ¿por qué tú no?

—¡Cómo me vas a comparar con los demás! ¡Soy el joven amo de la familia Larco! ¡En toda mi vida jamás había tenido que trabajar!

—¡Además, mi cuñado me mintió! ¡Dijo que me iba a asignar un auto, y me dio la furgoneta destartalada!

—¡Y para colmo se le está cayendo la pintura a pedazos!

Él, el ilustre joven heredero de la familia Larco, no solo tenía que trabajar, sino que debía llegar en una carcacha.

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