Al abrir la puerta de la oficina y entrar en ese espacio tan familiar, Nanette sintió cierta nostalgia.
Cuando vio el enorme arreglo de girasoles sobre el escritorio, no pudo evitar reírse.
Ese era el estilo inconfundible de Noel.
Le regalaba exactamente lo que a ella le gustaba, sin complicaciones ni adornos extraños.
El gran King de la informática había empezado a volverse romántico.
Gael chasqueó la lengua.
—¿De verdad este es el King serio e implacable que yo conocía? Queda demostrado: el amor arruina el intelecto.
Nanette le dio un golpecito en el brazo.
—¡No hables así de mi hombre!
—Lo digo porque me alegro por ti —dijo Gael, sin poder contener la risa—. Y por mí también.
—¿Por ti?
—Claro, mira, gracias a ti me convirtieron en Asistente del Director General y hasta me dieron oficina propia.
»Aunque sé muy bien por qué me dio el puesto.
—¿Por qué?
Gael borró un poco su sonrisa.
—Porque King confía plenamente en mí, y por eso me puso a tu lado.
Al final, todo era para proteger a la mujer que Gael consideraba su hermana mayor.
Nanette se conmovió, pero no quiso ahondar en el tema y prefirió cambiar de rumbo.
—¿Qué está pasando entre tú e Iris?
Gael se apoyó en el borde del escritorio y empezó a juguetear con los pétalos de los girasoles.
—Nada. De ahora en adelante, solo somos compañeros de trabajo.
Nanette lo comprendió al instante.
Por eso Iris se había cortado el cabello.
El famoso dicho de «borrón y cuenta nueva».
—¿De verdad no sientes nada por Iris? Es una gran chica.
—Sé que es una buena chica, pero... no me gusta.
—¿Entonces qué tipo de chicas te gustan?
—Ninguna.
La sonrisa desapareció por completo del rostro de Gael.

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