Había pasado poco más de un mes...
Alonso estaba mucho más bronceado, pero parecía estar en mejor forma; en especial con esa ropa ajustada que llevaba, se le marcaban los músculos.
Estrella le dedicó una mirada gélida. Solo bajó la ventana del coche para verlo, sin ninguna intención de bajarse.
—Habla, ¿cuál es la razón? —fue directo al grano.
Alonso estaba recargado en un coche de lujo, con un cigarro entre los dedos. Vestía todo de negro, con unos pantalones que resaltaban sus piernas largas y firmes.
Se veía distinto a cuando estaba en Nueva Cartavia.
Ahora emanaba un aire mucho más salvaje.
—¿No te bajas porque tienes miedo de que te coma viva?
Le dio una calada al cigarro y habló con un tono bastante cínico.
Era un cinismo que traía consigo cierta despreocupación. Estrella casi lo admiraba por poder mantener esa actitud en esas circunstancias.
Después de todo, la familia Echeverría se había quedado sin nada, así que era raro verlo tan tranquilo.
Estrella torció la boca en una media sonrisa. —Estamos en el Reino Unido, ¿por qué habría de tenerte miedo?
No les tuvo miedo ni cuando se enfrentó a toda la familia Echeverría en Nueva Cartavia.
Ahora que estaba de regreso en el Reino Unido, territorio de la familia Harrington, mucho menos.
—¿Entonces a qué le temes? —preguntó Alonso.
Estrella guardó silencio.
¡No tenía miedo!
—Bájate, el aire de la noche se siente muy bien.
Últimamente hacía calor, y esa brisa traía una frescura muy agradable.
Estrella lo miró de reojo sin decir nada y sin moverse de su asiento.
Solo quería escuchar la razón y largarse; no le interesaba perder el tiempo con él.
—¿Eres la hermana de Callum?
—¿Y a ti qué?
—¿De sangre? —insistió Alonso.
Estrella frunció el ceño y prefirió ignorarlo.
—¿Ya se hicieron la prueba de ADN? ¿Estás segura de que comparten sangre?
—¿A dónde quieres llegar con esto?

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