Estrella se quedó sin palabras.
Como el anciano Castañeda —alguien que prácticamente era su suegro— ya había hablado, naturalmente la cosa era imposible.
—¿Y por qué tendría que creerte? —preguntó Estrella.
Si fuera información investigada por Malcolm, por supuesto que le habría creído sin chistar.
Pero como todo salía de la boca de Alonso, lo dudaba bastante.
Si no fuera porque la ayuda de Marcelo a Mónica ya resultaba muy sospechosa de por sí...
Estrella no le creería ni una sola palabra a Alonso.
—No voy a lastimarte —aseguró él.
—¡Ja!
Al escuchar esa excusa, Estrella soltó una carcajada llena de sarcasmo.
¿Con que no iba a lastimarla...?
¡Casarse con ella a la fuerza y sin importarle nada ya había sido un daño enorme!
Casi le cuesta la vida por su culpa.
—Ese británico que trabaja para ti es bastante útil, ¿no? —comentó Alonso—. Tiene habilidades excepcionales. Si quieres saber si te digo la verdad, pídele que lo cheque y ya.
Alonso reconocía bastante bien el talento de Malcolm.
Durante el tiempo que estuvieron en Nueva Cartavia, muchos de los asuntos de Estrella pasaron por las manos del británico.
Y en esa época, la familia Echeverría también sufrió bastante por las acciones de Malcolm, al punto de no tener ni un respiro.
Estrella frunció el ceño.
—¿De verdad no vas a bajarte a darme un abrazo antes de irte? —preguntó Alonso.
En el momento en que Estrella encendió el coche, él esbozó una amplia sonrisa.
Era esa típica sonrisa descarada...
Estrella le puso los ojos en blanco.
—No creas que lograste ponerme en contra de Marcelo. La verdad es que, en mi corazón, tú y él son iguales.
¿Qué importaba si se distanciaba por completo de Marcelo?
A fin de cuentas, ¿qué significaba Alonso para ella en estos momentos?


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