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Perfume Letal de la Esposa romance Capítulo 216

La oficina de Simón Ferrer ya no ocupaba el último piso de la torre.

Se había mudado a una oficina más pequeña, en una planta intermedia. La vista seguía siendo impresionante, pero ya no era la de un rey en la cima de su montaña. Era la de un hombre que había descendido voluntariamente al nivel del mundo.

Estaba sentado en su escritorio, no revisando planos de rascacielos, sino firmando los últimos documentos legales. Eran los papeles que cedían el control mayoritario de "Ferrer Arquitectos" a sus socios.

No lo sentía como una derrota. Se sentía como una liberación.

Había decidido reducir su rol, alejarse del peso del legado de su padre para centrarse en proyectos más pequeños, más significativos. Casas, escuelas. Proyectos con alma.

Su teléfono vibró sobre la superficie de madera pulida.

El sonido lo sobresaltó. Miró la pantalla.

El corazón se le detuvo.

"Abril".

Durante un segundo, pensó que era una alucinación. Se quedó mirando el nombre, incapaz de moverse, el aire atrapado en sus pulmones.

La vibración insistió. Era real.

Con una mano que temblaba visiblemente, deslizó el dedo para contestar. Se lo llevó a la oreja, pero no pudo hablar.

—¿Simón?

La voz de ella, tranquila y clara, llegó a través de la línea, cruzando cientos de kilómetros, cruzando un abismo de dolor.

Él tragó saliva, tratando de encontrar su propia voz.

—Abril.

—Estoy en Oaxaca —dijo ella, su tono era informativo, sin adornos.

—Lo sé —respondió él, su voz sonaba tensa, ronca—. La fundación… el centro de investigación… ¿es de tu agrado?

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