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Perfume Letal de la Esposa romance Capítulo 190

La confesión de Simón dejó un cráter de silencio en la sala de conferencias.

El aire estaba cargado, denso con la verdad cruda que acababa de desatar. Los periodistas, normalmente tan cínicos y ruidosos, estaban paralizados, sus bolígrafos suspendidos sobre sus libretas, sus dedos congelados sobre los teclados.

Habían venido esperando un anuncio corporativo. Habían presenciado una inmolación pública.

Simón se aferró al podio, el acrílico frío bajo sus manos sudorosas. Había cruzado el Rubicón. Había quemado los puentes, los barcos y el propio mapa. No había vuelta atrás.

Pero aún quedaba una cosa por decir. La más importante. La más difícil.

Levantó la vista, sus ojos buscando de nuevo la lente de la cámara principal. No estaba hablando con la prensa. Les estaba hablando a los fantasmas de su pasado, y a la única mujer que importaba.

Respiró hondo, el sonido amplificado por el micrófono llenando el silencio.

—Por lo tanto —dijo, su voz ahora despojada de toda la arrogancia del pasado, teñida únicamente con el peso de un arrepentimiento que era tan vasto como el océano—, hoy ofrezco mi más profunda y pública disculpa a la señorita Abril Lozano.

El uso de "señorita" fue un bisturí. Una separación deliberada y dolorosa de su propio apellido.

En su taller, Abril se llevó una mano a la boca, sus nudillos presionando con fuerza contra sus labios. La lágrima que había rodado por su mejilla fue seguida por otra.

—No como mi esposa —continuó Simón, cada palabra era una expiación, un sacrificio—, sino como una artista brillante y una mujer de una integridad inquebrantable, cuya carrera y vida personal fueron injustamente sacrificadas para proteger los intereses de mi familia y mi empresa.

La declaración fue tan completa, tan absoluta, que fue como si el universo se realineara. No estaba pidiendo perdón para sí mismo. Estaba restaurando el honor de ella. Le estaba devolviendo, públicamente, todo lo que él y su familia le habían robado en las sombras.

Y entonces, el infierno se desató.

El silencio se hizo añicos. La sala explotó en un caos ensordecedor.

Los flashes de las cámaras estallaron en una tormenta de luz blanca, una ráfaga de disparos visuales que acribillaron a Simón en el podio.

Capítulo 190 1

Capítulo 190 2

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