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Perfume Letal de la Esposa romance Capítulo 217

El avión aterrizó en Oaxaca bajo un cielo de un azul tan intenso que dolía mirarlo.

Simón bajó las escaleras del avión y el aire cálido y perfumado del valle lo golpeó. Olía a tierra, a flores y a algo antiguo, algo que no pudo nombrar.

Ignoró la fila de taxis ejecutivos y las ofertas de llevarlo a los resorts de lujo. En su lugar, tomó un taxi local y le dio al conductor la dirección de una pequeña posada en el corazón del centro histórico. Una que había encontrado en línea, conocida por su patio lleno de buganvillas y su falta de pretensiones.

La habitación era sencilla. Paredes de estuco blanco, una cama con una colcha tejida a mano y una ventana de madera que daba a un patio interior donde un canario cantaba en su jaula.

No había minibar, ni servicio a la habitación, ni una vista panorámica. Era un espacio de humildad. Y por primera vez en su vida, Simón se sintió extrañamente en paz en un lugar así.

Dejó su única maleta en el suelo. Se cambió el traje por unos pantalones de lino y una camisa de algodón. Se miró en el pequeño espejo del baño. El hombre que le devolvió la mirada estaba cansado, con ojeras, pero había una nueva luz en sus ojos. Una luz de propósito.

Caminó hasta el Jardín Etnobotánico, el corazón verde de Oaxaca, ubicado en el antiguo convento de Santo Domingo.

La encontró junto a un estanque de lotos, de espaldas a él, observando cómo una libélula de alas iridiscentes danzaba sobre el agua.

Llevaba un vestido blanco sencillo y el pelo recogido en una trenza suelta. Parecía tan parte del paisaje como los antiguos muros de cantera que la rodeaban.

Se acercó lentamente, sin hacer ruido. No quería asustarla.

Ella pareció sentir su presencia. Se giró, sin sorpresa, casi como si lo hubiera estado esperando. Su rostro era sereno.

—Simón.

No había ira en su voz. Tampoco una calidez efusiva. Solo un reconocimiento tranquilo.

Él se detuvo a un par de pasos de ella. El aire entre ellos estaba cargado, no de tensión, sino de una posibilidad frágil.

—Hola, Abril.

Comenzaron a caminar.

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