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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 10

Luego tomó un frasco de yodo y le echó unas gotas al vaso.

Como había estudiado farmacología, sabía perfectamente cómo diferenciar una cosa de la otra.

Si el frasco realmente traía vitamina C, el color oscuro del yodo iba a desaparecer de volada. Pero el agua del vaso se quedó igual, sin ninguna reacción.

Eso significaba que aquellas pastillas no tenían nada de vitamina C.

Se acordó de las veces que le había dolido la cabeza de la nada, del cansancio extremo y de los bajones emocionales que había tenido. Siempre pensó que era estrés por no poder quedar embarazada.

Y resultó que todo era efecto secundario de estar tomando somníferos sin saberlo.

¡Y todo había sido obra del desgraciado de Diego!

Sintió un escalofrío de terror.

En estas últimas dos semanas que Diego había estado de viaje, no se había tomado las pastillas porque él no estaba ahí para recordárselo. De haberlo hecho, le habría causado un daño terrible a su bebé.

Al pensar en eso, el odio hacia Diego le subió de golpe.

¡No solo se había burlado de su matrimonio y de sus sentimientos, también la había estado envenenando mientras ella no sospechaba nada!

Se llevó una mano al vientre y una tristeza inmensa la cubrió por completo.

Si en el futuro su hijo se llegara a enterar de la clase de monstruo que era su padre, prefería mil veces no tenerlo.

Agarró el celular, dispuesta a sacar cita para interrumpir el embarazo, cuando de repente le entró una llamada.

Era su abuela.

Cuando su papá falleció y su mamá se volvió a casar, sus abuelos fueron los que la sacaron adelante. Los quería con toda el alma.

Cuando estaba en la universidad, su abuelo falleció, y entonces su tía se llevó a la abuela Navarro a vivir con ella a Ciudad del Río.

Al graduarse, Elena se quedó a trabajar ahí mismo con la idea de estar más al pendiente de su abuela. Sin embargo, después de casarse con Diego, se la vivió tan clavada en sus tratamientos de fertilidad y se veía tan demacrada, que dejó de visitarla seguido para no darle preocupaciones.

Solo de pensarlo, la culpa la asfixiaba.

—Mija, mañana es el cumpleaños de tu tía Carmen. Si tú y Diego tienen chance, échense una vuelta.

Por mucho asco que le diera tener que convivir con Diego, le dijo que sí para no hacerle el feo a su abuela.

A la mañana siguiente, cuando salió de la recámara, vio a Diego y a Adriana ya listos y sentados en el comedor, esperándola.

Diego, en cuanto la vio, le sonrió:

Capítulo 10 1

Capítulo 10 2

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