Al ver que la mujer ya hablaba con tanta energía, Elena pudo respirar aliviada.
Sin embargo, se puso seria y le dijo:
—Señora, por lo que pude notar, tiene un problema de circulación que le provoca estos desmayos repentinos. No debería andar sola en la calle. Procure salir acompañada por alguien de su familia.
La anciana soltó una carcajada alegre:
—¡Ay, solo salí a dar la vuelta y me pasó esto! Mi familia siempre me cuida mucho, somos muy unidos y mis muchachos me adoran. Pero dime, mija, no me dijiste tu nombre. ¿Por qué no intercambiamos números y luego te invito a comer para agradecértelo?
Considerando que la salud de la señora podría mejorar bastante con un tratamiento adecuado y sesiones regulares de acupuntura, Elena asintió y sacó su celular para agregarla.
—Me llamo Elena. Señora, si vuelve a sentirse mal, avíseme y voy a ayudarla con unas terapias para que se sienta mejor.
La anciana Vargas estaba radiante al conseguir su contacto.
—¡Perfecto! Muchas gracias, Elena, yo te aviso. Oye, por cierto, ¿estás casada? Porque si estás soltera, ¡te presento a mi nieto mayor!
A Elena le hizo gracia la intensidad de la señora.
—No es necesario, se lo agradezco mucho. Me tengo que ir a trabajar, ¿segura que va a estar bien solita?
—¡Claro que sí! Ahorita le mando mensaje a mi gente para que pasen por mí. Tú vete tranquila a tu trabajo.
Al verla tan lúcida y animada, Elena se despidió y continuó su camino.
La anciana se quedó viéndola alejarse, conteniéndose apenas para no correr detrás de ella y presentársela de una vez a Alejandro.
Pero sabía que no debía precipitarse; las cosas buenas toman su tiempo.
El primer paso en su plan maestro era hacer que su nieto viajara a Ciudad del Río.
Sacó su celular y le envió un mensaje.
***
Al llegar a las oficinas de Grupo Romero, Elena se reunió directamente con el vicepresidente Montoya, quien la acompañó para presentarla a su nuevo equipo de trabajo.
Después de cinco años de ausencia, el área de investigación y desarrollo había cambiado por completo en un par de ocasiones.
Casi ninguno de los empleados actuales la conocía, y muchos menos sabían de su matrimonio con Diego.
Por eso, cuando el vicepresidente entró acompañado por ella, todas las miradas curiosas se fijaron en la recién llegada.
—Compañeros, les presento a Elena Navarro, directora de investigación. Aunque no haya estado físicamente en la oficina estos últimos años, muchos de nuestros desarrollos llevan su sello.

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