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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 151

Alejandro se le quedó viendo. Al notar que después de un rato ella seguía sin levantarse, se acercó y le quitó la careta.

Ella estaba un poco pálida. Se mordió el labio y esbozó una leve sonrisa.

—Profesor Domínguez, estoy bien.

Él le subió la manga; tenía la muñeca roja e inflamada.

Sin darle tiempo a Elena de decir nada, se inclinó, la tomó en brazos y caminó hacia los vestidores.

La dejó en el sofá, fue por una pomada y se agachó frente a ella para aplicársela.

Elena bajó la mirada hacia él, invadida por una extraña sensación de familiaridad.

—Profesor Domínguez, ¿seguro que no nos conocíamos de antes? Y otra cosa, ¿por qué nunca habla?

Él hizo una pausa, pero de inmediato siguió poniéndole la pomada.

De pronto, a Elena se le ocurrió que tal vez él tenía algún impedimento para hablar. Si su indiscreción lo había ofendido, se sentiría pésimo.

Así que decidió guardar silencio.

Cuando terminó de curarla, él se puso de pie y salió de la habitación.

Poco después, llegó el dueño del lugar y le preguntó:

—Oye, me acaba de decir Gabriel que te lastimaste. ¿Estás bien?

Elena movió la muñeca. Aunque sentía un poco de dolor, no era nada grave. Negó con la cabeza.

—No es nada, con que descanse un rato se me pasa.

Luego echó un vistazo a la lujosa sala VIP y le preguntó al dueño:

—¿Esta es la sala privada del profesor Domínguez? Me da pena estar aquí, no creo que sea lo correcto.

El hombre le sonrió.

—Gabriel dijo que podías descansar aquí. Si no se te ofrece nada más, me retiro.

—Gracias.

En ese momento, Alejandro estaba en otra de las habitaciones privadas.

Se quitó la careta, se desvistió y se metió a bañar.

Al salir, recibió una llamada de Javier.

—Me enteré por ahí que últimamente andas de maestro de esgrima de Elena. ¿Desde cuándo el gran Alejandro Vargas tiene tanto tiempo libre para jugar al romance entre maestro y alumna con ella?

A Alejandro le dio flojera seguir escuchando sus tonterías y le colgó.

Elena se sobresaltó al reconocer que la pianista era Isidora.

Aunque la mujer no le caía nada bien, tenía que admitir que era muy talentosa para la música.

Al terminar la presentación, el gerente del restaurante le entregó un ramo de rosas amarillas, deshaciéndose en halagos.

Luego, el gerente se dirigió a los comensales:

—El día de hoy nos honra con su presencia la dueña del restaurante. Y no solo nos deleitó con una pieza musical, sino que ha decidido que, para todos los clientes presentes, las bebidas van por cuenta de la casa.

Isabel se quedó sorprendida.

—Vaya, así que ella es la dueña... Qué impresionante, tiene dinero y talento.

Elena le murmuró:

—Es la mujer con la que Alejandro tiene algo.

Isabel abrió mucho los ojos y suspiró.

—Con razón. Los ricos de verdad solo se juntan entre ellos.

En la mesa de al lado, unos clientes de Ciudad del Norte, evidentemente pertenecientes al mismo círculo de la alta sociedad, comentaban la historia de Isidora.

—Hablando de todo un poco, qué bárbara es Isidora, ¿no? Tiene comiendo de su mano a los dos hermanos de la familia Vargas.

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