El director Molina ya estaba un poco exhausto, así que le dijo a Diego:
—Voy a descansar un momento, sigan ustedes.
—¿Qué tal si compito yo contra el señor Romero? —sugirió Isidora con una sonrisa.
—Adelante —respondió Diego, siempre caballeroso.
Durante los primeros asaltos, el nivel de ambos parecía estar bastante parejo.
Adriana, incapaz de disimular su nerviosismo, le preguntó a su hermano:
—¿Crees que Diego gane?
—Seguro que sí —aseguró Tomás—. En un duelo como este, lo normal es que él tenga ventaja.
Adriana suspiró aliviada.
—Tienes razón.
Tal como él predijo, el cansancio alcanzó a Isidora y pronto fue derrotada.
Ella se quitó la careta y le sonrió a Diego.
—Tienes muy buena técnica. Quizá incluso podrías derrotar a Alejandro.
—Gracias por la cortesía —respondió Diego con falsa modestia.
Adriana corrió de inmediato hacia él para secarle el sudor, encantada de la vida.
—¡Diego, estuviste increíble!
Diego apartó la mano de Adriana por instinto y buscó a Elena con la mirada. Al darse cuenta de que ella ni siquiera le prestaba atención, se sintió decepcionado.
—Elena, ¿no te animas a intentarlo? —le preguntó Isidora de pronto.
—Claro —asintió ella con calma.
Al ver que Elena se iba a enfrentar a Diego, Adriana no pudo evitar soltar su veneno:
—Elena, si no sabes hacerlo, no te hagas la valiente. No vaya a ser que te lastimes y luego nos eches la culpa.
Elena la ignoró por completo.
—Elena, no sabía que practicabas esgrima —dijo Diego sonriendo—. Es el momento perfecto para ver de qué estás hecha.
Ella se puso la careta en silencio.
Al principio, Diego se contuvo bastante para no lastimarla, pero conforme avanzaba el combate, se dio cuenta de que la técnica de Elena no era un juego.
Adriana se tensó al darse cuenta de que Elena realmente sabía defenderse.
Isidora, que al principio observaba con tranquilidad, fue perdiendo la compostura hasta mirar a Elena con un odio imposible de disimular.
¡La postura, los ataques y la defensa de Elena eran idénticos a los de Alejandro!
¿Acaso habían estado practicando juntos? ¡Imposible!
Diego no pudo contenerse, se acercó a Elena y le ofreció un pañuelo desechable.
—Elena, sécate el sudor. Estuviste espectacular hoy.
Ella ignoró su gesto, sacó sus propios pañuelos y se limpió.
—Ajá. Gracias.
Diego no se molestó en lo absoluto; al contrario, la miró con aún más ternura.
—Ya solo falta que el señor Vargas pase al frente —sugirió de pronto el director Molina—. La señorita Navarro barrió con todos nosotros. ¿No le gustaría enfrentarse a ella, señor Vargas?
Elena volteó a mirar a Alejandro.
Él se puso de pie y esbozó una leve sonrisa.
—Paso. Acabo de recibir una llamada y tengo que retirarme.
Elena sintió una decepción difícil de ignorar, pero la apartó de inmediato; lo importante era que había derrotado al director Molina y cumplido su objetivo.
Tras la salida de Alejandro, el resto del grupo se quedó un rato más.
Elena jugó un par de asaltos más con el director Molina y, en cuanto notó que otras personas se le acercaban para hablar de negocios, decidió que era buen momento para irse.
Justo después de cambiarse de ropa, Diego la interceptó con la intención de llevarla a casa.
—No te molestes —rechazó ella de inmediato—. Tengo que regresar a enviarle la propuesta al director Molina.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....