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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 177

—Mm.

Alejandro confirmó que, en efecto, estaba pasada de copas.

Solo que su forma de embriagarse era distinta a la de los demás; estaba tan callada que apenas se notaba.

De pronto, Elena empezó a contar chistes malos.

—En el autobús hay 5 ladrones y 10 personas buenas. Bajan algunos pasajeros. ¿Cuántos quedan?

—No sé —respondió Alejandro.

Elena sonrió ampliamente.

—Diez, porque los ladrones se bajaron cuando vieron a la policía.

Alejandro se quedó mudo.

Elena siguió:

—¿Cómo se despiden los químicos? Ácido un placer....

Al verla en ese estado, Alejandro se frotó la sien, resignado.

Al llegar a la puerta del departamento de Elena, justo cuando él iba a preguntarle la contraseña, ella estiró la mano y tecleó los números con total naturalidad.

Si no hubiera pasado todo el trayecto escuchando sus pésimos chistes, habría jurado que estaba completamente sobria.

Al entrar, Elena caminó hasta el sofá y se sentó. Por inercia, metió las manos por debajo de su blusa, se desabrochó el brasier, lo sacó y lo dejó a un lado.

Alejandro no supo qué decir ante la sorpresa.

Ajena por completo a la reacción que acababa de provocar, Elena se mantuvo sentada, derechita como si estuviera en la escuela, con una sonrisa de fotografía en la cara.

Cuando Chispa la vio llegar, corrió a echarse en su regazo.

Ella lo abrazó y le empezó a acariciar la cabeza distraídamente.

Viéndola así, Alejandro no tenía ni idea de qué hacer.

Si se hubiera desmayado de la borrachera, simplemente la cargaría hasta su cama.

Pero estaba ahí sentada, tan "despierta", que aunque le dijera que se fuera a dormir, dudaba mucho que le hiciera caso.

En cualquier caso, ya la había dejado sana y salva en su casa, así que no tenía motivos para quedarse. Se dispuso a marcharse.

De golpe, Elena se levantó, bajó a Chispa y caminó en línea recta hacia el baño.

Al ver que no se tambaleaba, se quedó más tranquilo. Justo cuando iba a darse la vuelta, escuchó un golpe seco.

Le sonrió y le acarició la cabeza.

—Buenos días.

Chispa dio un leve quejido, brincó de la cama y salió corriendo del cuarto. Cuando regresó, traía un brasier blanco en el hocico.

Al verlo, Elena recordó de golpe lo ocurrido y se quedó paralizada por la vergüenza.

Anoche... ¿se había quitado la ropa enfrente de Alejandro? Y peor aún... cuando fue al baño, ¿acaso había dejado la puerta abierta?

¡La había visto hacer todo ese ridículo! Se cubrió el rostro con las manos, muerta de vergüenza. En ese instante, solo quería desaparecer.

Ajeno a su crisis existencial, Chispa le dejó la prenda enfrente y se frotó contra su brazo buscando atención.

Para cuando salió de su casa, ya se había mentalizado y no quedaba rastro de bochorno en su cara.

Pero apenas llegó a los elevadores, se topó de frente con Alejandro.

Justo cuando estaba por dar media vuelta, escuchó su voz:

—Señorita Navarro, ¿bajamos juntos?

Elena se detuvo en seco, turbada. Entró al elevador con la cabeza baja, sin atreverse a decirle una sola palabra.

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