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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 183

Ver a Elena adolorida hizo que Diego se sintiera culpable.

Había actuado por puro impulso.

Él no quería lastimarla.

Pero la sola idea de que alguien la estuviera cortejando lo irritaba profundamente; no soportaba sentir que estaba perdiendo el control sobre ella.

Además, le aterraba la posibilidad de que Elena cayera ante los encantos de un buen partido.

Si llegaba a perderla, sería algo que no podría soportar.

Isidora, que había ido a una consulta de seguimiento, reconoció el coche de Alejandro en el estacionamiento.

Levantó una ceja y entró a buscarlo.

Su expresión se endureció de inmediato cuando lo vio junto a Elena.

—Alejandro.

Se acercó a él.

—¿Qué hacen aquí?

—La señorita Navarro se lastimó y la traje —explicó Alejandro.

A Diego no le hizo gracia el comentario, pero logró contenerse:

—Señor Vargas, Elena y yo somos esposos, yo me encargo de cuidarla. Si tienes cosas que hacer, puedes retirarte.

Alejandro soltó una risa irónica:

—Hace un momento, el señor Romero estaba agrediendo a su esposa y asustó a una niña. Simplemente no pude quedarme de brazos cruzados. Si me voy, ¿quién me asegura que no le seguirás levantando la mano a la señorita Navarro?

Justo cuando el ambiente estaba a punto de estallar...

Sonó el celular de Elena.

Era su abuela.

La voz de la anciana sonaba muy angustiada:

—Ariadna me acaba de marcar llorando, me dijo que Diego te estaba haciendo daño y que saliste lastimada. ¿Es cierto?

Elena no quería mortificar a su abuela, así que se aguantó el dolor físico y emocional, y forzó un tono alegre:

—Estoy bien, abuela. Ariadna está chiquita y no supo explicar bien las cosas. Fue un malentendido. Diego y yo solo tuvimos una discusión, ya sabes, pleitos de casados. No te preocupes por nada.

Al escuchar esto, Diego sintió un gran alivio.

—Tienes razón, fue mi error. Luego busco la forma de compensar a Ariadna.

Sin embargo, las fotos seguían dándole vueltas en la cabeza.

No se pudo aguantar y soltó:

—Pero tampoco fue toda mi culpa. Si no te anduvieras paseando con Andrés, yo no me habría puesto así.

Elena le contestó con sarcasmo:

—¿Paseándome con él? Fui a la junta escolar en la tarde y me lo topé por casualidad. Ariadna se lleva muy bien con su prima Aurelia, así que fuimos a comer todos juntos. ¿Hasta eso vas a malinterpretar? ¿Y qué me dices de ti y Adriana? Ustedes no han salido a comer solos nada más una vez, ¿verdad?

Diego se quedó sin palabras.

Pero seguía convencido de que Andrés le traía ganas.

—Como sea. Nada más te pido que mantengas tu distancia con ese tipo.

Al ver que no se podía razonar con él, Elena decidió simplemente ignorarlo.

Al llegar al departamento, Ariadna corrió a abrazar a Elena.

—¿Estás bien?

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