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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 190

Pero como Diego tenía consentida a Adriana, a Lucía no le quedaba de otra más que limpiarle el desastre.

Lucía le mandó la propuesta hecha por Elena a Hugo.

Hugo, creyendo que todo era obra de Adriana, la leyó con asombro y, sin dudarlo, decidió firmar con el Grupo Romero.

***

El jueves por la noche, Elena fue a la casa de Fernando para reportarle sus avances en el trabajo.

Al escucharla, Fernando sonrió complacido.

—Siempre he confiado en tu forma de trabajar, muchacha. Estoy seguro de que muy pronto veremos grandes resultados en este proyecto.

Le entregó dos libretas bastante gruesas.

—Estas son algunas notas que he recopilado últimamente. Échales un ojo, a ver si te sirven de algo.

Los apuntes del profesor Álvarez eran un material de un valor incalculable, imposible de conseguir en cualquier parte.

Elena los recibió como si le hubieran entregado un tesoro y apenas pudo contener la emoción.

—¡Muchísimas gracias, profesor Álvarez! Las voy a estudiar a fondo.

Fernando añadió:

—Mañana viene a Ciudad Río un viejo amigo mío. Es un verdadero genio en el área de investigación. Quiero que me acompañes para que te comparta un poco de su experiencia.

Al escuchar que le iba a presentar a Lucas Ferrer, el prestigioso profesor de farmacología de la Universidad A en Ciudad Norte, Elena se emocionó muchísimo.

—Por supuesto. Estaré allí con total puntualidad.

A las ocho de la noche del día siguiente, Elena y Fernando llegaron al hotel acordado.

Al entrar al salón privado, se toparon de frente con Hugo y Adriana.

Como Hugo le tenía mucho respeto a Fernando, se levantó de inmediato para recibirlo.

Sin embargo, Fernando lo trató con total frialdad.

Nunca había soportado la calidad moral de Hugo.

«Vaya, esa muchacha sí sabe ganarse a la gente».

«Seguramente se acerca a cualquiera que tenga dinero e influencia con tal de ganarse el favor de Fernando».

Pensar en eso solo hizo que sintiera un asco aún más profundo por Elena.

En cuanto Elena fue al baño, Hugo no se aguantó y le soltó a Fernando:

—Esa señorita Navarro que trajiste contigo no es tan inocente como parece. No te dejes engañar; es una oportunista. Estoy seguro de que ni siquiera le interesa aprender. Solo se acerca a ti para conocer a jóvenes ricos y ver de quién puede sacar provecho.

La expresión de Fernando se endureció de inmediato.

—¡No digas estupideces! —le espetó con dureza—. ¡No voy a permitir que manches la reputación de mi alumna!

Qué cinismo. Un hombre sin principios pretendiendo juzgar la decencia ajena.

Al ver la firmeza con la que Fernando la defendía, Hugo se convenció aún más de que Elena sabía manipular a la gente.

En fin, a nadie le gusta escuchar verdades incómodas. Si Fernando no quería abrir los ojos, era su problema.

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