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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 20

Alejandro la ignoró por completo y se volteó para ordenarle al asistente Ortega que se encargara del trámite.

En cuestión de minutos, la abuela de Elena ya estaba instalada en un cuarto VIP.

Hasta el director del hospital y varios especialistas pasaron a revisarla en persona.

—La señorita Navarro le hizo un favor muy grande a la familia Vargas —le comentó Alejandro al director—. Confío en que se encargarán de darle la mejor atención a su familiar.

El director nunca había visto a alguien como Alejandro Vargas mostrarse tan amable, así que asintió de inmediato, sintiéndose profundamente honrado.

—Pierda cuidado, señor Vargas. Le aseguro que la familia de la señorita Navarro recibirá atención de primera.

Una vez que el director y los demás médicos salieron, Elena miró a Alejandro, sintiéndose bastante apenada:

—Señor Vargas, le prometo que le voy a pagar lo que le debo lo más pronto posible.

Alejandro checó la hora en su reloj.

Había venido desde el Norte exclusivamente por encargo de su abuela.

Tenía que aprobar un proyecto muy importante de la empresa, por lo que no podía entretenerse mucho.

Miró a Elena y le dijo, con un tono cortés pero distante:

—Señorita Navarro, usted salvó a mi abuela. Hago esto para regresarle el favor, así que no me debe absolutamente nada.

Aun así, Elena seguía sintiéndose incómoda.

—Lo de su abuela no fue nada, solo la ayudé un poco. Pero usted me adelantó para la operación y además nos cambió de cuarto...

Al ver lo incómoda que estaba, Alejandro mantuvo su expresión inalterable.

Aunque la señorita Navarro estaba muy guapa, él no era de los que se dejaban apantallar por una cara bonita.

—Señorita Navarro, demos por zanjado el asunto del dinero. Más bien quería pedirle un favor.

—¿Qué favor? —preguntó Elena, tomada por sorpresa.

Era evidente que el señor Vargas era un hombre de otro nivel; ¿qué podría hacer ella por alguien así?

A Alejandro le dolió la cabeza nada más de acordarse de las locuras que andaba diciendo su abuela.

Se puso serio y le dijo:

—Señorita Navarro, mi abuela anda muy apurada queriéndome casar. Si por ahí le llega a comentar alguna tontería, le pido que no le haga caso. Quiero que le quede claro que no tengo la más mínima intención de casarme con nadie.

Elena ni siquiera había procesado lo que acababa de escuchar, cuando él le dedicó una cortés inclinación de cabeza y salió del cuarto.

En ese momento, escuchó la tos de su abuela desde la cama.

Sin tiempo para darle vueltas a lo que le había dicho Alejandro, Elena corrió a auxiliarla.

Al ver a Elena, la abuela esbozó una débil sonrisa:

—No pasa nada, mija, ¿te asustaste?

Elena le agarró la mano con una alegría inmensa de tenerla de vuelta.

Capítulo 20 1

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