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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 279

La abuela Vargas hizo sus maletas y se regresó a Ciudad del Norte.

Poco después, llegó la noticia de que había caído gravemente enferma.

La señora Vargas tuvo que regresar a la fuerza porque su esposo le exigió que fuera a cuidarla.

Sofía se despidió de Alejandro:

—Hermano, yo también me voy a Ciudad del Norte para mantenerte informado de todo. Si mi mamá decide volver a Ciudad del Río de improviso, te avisaré de inmediato.

—Me parece bien.

Tras despedir a su hermana, Alejandro se dirigió a su asistente:

—¿La señora Moreno y Mariana ya regresaron a Ciudad del Norte?

El asistente negó con la cabeza:

—No, señor. De hecho, averigüé que la señora Moreno trajo a todo un equipo de psiquiatras y psicólogos aquí a Ciudad del Río.

Era evidente que planeaba quedarse en la ciudad para estar junto a su hija.

La mirada de Alejandro se endureció.

Con lo complaciente que era la señora Moreno, no era de extrañar que la salud mental de Mariana fuera de mal en peor.

***

Al salir del trabajo, Elena se preparaba para irse a casa cuando vio a Enzo esperando en la entrada del edificio.

Se llevó una sorpresa.

Enzo corrió hacia ella.

—¡Elena! Quería invitarte a comer, para agradecerte por haberme ayudado a resolver tantas dudas.

Varios colegas que iban saliendo voltearon a verlos.

Como Elena no quería ser el centro de atención, se subió al coche del chico.

Ya adentro, le dijo:

—¿Y si le hablamos a Elías y a Adriel? Necesito preguntarles unas cosas.

—¿Eh? —Enzo se desanimó al instante.

Su plan era tener una comida a solas con ella. Si llegaban esos dos, se convertiría en una simple salida de oficina.

Pero, incapaz de decirle que no a Elena, terminó llamándolos.

Adriel y Elías no tardaron en llegar al restaurante.

—No se vale, Enzo. Te vienes a comer y ni siquiera nos avisas —bromeó Adriel apenas se sentó.

Enzo no dijo nada.

Estaba completamente desanimado por su plan arruinado y no tenía ganas de seguirle el juego.

Durante la comida, Adriel se dirigió a Elena:

—El otro día hablé con el profesor Álvarez. Le pregunté si habría algún inconveniente en que fueras al instituto a dar unas capacitaciones a los nuevos. Me dijo que por él no había problema, pero que la decisión era tuya. ¿Qué opinas?

El laboratorio de Fernando siempre había trabajado en conjunto con el Instituto Farmacéutico Río y tenían una excelente relación.

Amelia solo había aceptado ir para no desairar a su tía.

Su plan era cenar e irse cuanto antes, pero Valentina no dejaba de hablarle y no encontraba la manera de marcharse.

Valentina soltó de pronto:

—Mi hijo Tomás está por llegar. Ustedes dos, que son jóvenes, seguro tendrán mucho de qué hablar.

Amelia captó la indirecta de inmediato.

Querían armarle una cita a ciegas.

La cara se le endureció.

Su tía ya le había tendido trampas parecidas con cenas que terminaban convirtiéndose en desfiles de pretendientes. Todos aquellos tipos fingían ser muy propios y educados, pero en el fondo solo querían asegurar su futuro con la herencia de los Ortiz.

¿Y qué si era hija única? ¿Acaso no podía manejar los negocios de su padre por sí sola? ¿A fuerza necesitaba a un hombre a su lado?

Ni loca iba a regalarle el patrimonio de su familia a unos suegros arribistas, quedándose ella con las manos vacías.

Por lo tanto, el matrimonio no estaba ni de chiste en sus planes.

Valentina empezó a frustrarse al ver que, por más que intentaba ganársela, Amelia seguía mostrándose distante.

¡Todo era culpa de Elena! Si no hubiera echado a perder las cosas la última vez, la relación con Amelia no estaría tan arruinada.

Elena y Adriel terminaron de cenar y se levantaron para irse.

Enzo insistió en llevarla a su casa, pero ella sonrió y lo rechazó:

—No te preocupes, no vivo lejos. Yo pido un Uber. Ustedes ya váyanse a descansar.

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