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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 338

Cuanto más lo pensaba, más se le apretaba el pecho.

—¿Te aseguraste de no dejar ningún cabo suelto? No permitas que nadie tenga algo con qué presionarte. Acaban de nombrarte Joven Empresario del Año en Ciudad del Río, ¡este escándalo no puede salir a la luz!

—Tranquila. Lo peor que Elena haría sería desquitarse conmigo de una forma como esta, pero jamás se atrevería a destruir mi carrera. Ella me ama, lo sé.

Lucía se quedó en silencio.

A pesar de lo mucho que quería a su hermano, pensó que estaba siendo demasiado arrogante.

¿Acaso no se daba cuenta de que Elena realmente quería dejarlo?

De cualquier forma, ese no era el punto principal ahora.

—Me voy a trabajar. Descansa.

***

En la casa, Elena escuchaba a su abuela quejarse sobre el trabajo de su tía.

La abuela Navarro, al ver que llevaba rato hablando y Elena no le respondía, empezó a desesperarse.

—¿Estás de mi lado o del lado de tu tía?

Elena sonrió con resignación.

—Abuela, en cuestiones de trabajo apoyo más a mi tía. Ariadna crecerá algún día y terminará entendiéndola.

La abuela replicó molesta:

—¡Ah, claro! Ahora resulta que todas están en mi contra. ¿Qué más me queda por decir?

En ese momento, sonó el timbre.

Elena, que no quería seguir escuchando sus quejas, tomó sus muletas y fue a abrir la puerta ella misma.

Era Lucía.

Elena pensó que venía a reclamarle por lo de Diego, así que la miró con total frialdad.

La abuela Navarro, al ver a Lucía, la invitó a pasar de inmediato.

Diego siempre las trataba bien, así que era natural que ellas correspondieran a la familia Romero.

Lucía entró a la sala.

Al ver que la abuela se disponía a prepararle un té, dijo con un tono cortés:

—Señora Navarro, no se moleste con el té. Solo vine a cruzar un par de palabras a solas con Elena y luego me iré a la oficina.

—Entendido.

Al ver que aceptaba, Lucía no quiso perder más tiempo, tomó su bolso y salió de la casa.

Apenas Elena guardó el cheque en su bolsillo, la abuela salió de la habitación.

—¿La hermana de Diego no te faltó al respeto? —le preguntó.

Se había dado cuenta de que Lucía era una mujer dura y de carácter fuerte, y le preocupaba que hubiese sido grosera con su nieta.

—No, solo vino a traerme algo de dinero para mis gastos —respondió Elena.

La abuela se sorprendió.

—¿A darte dinero?

Elena decidió no decirle la verdad y simplemente le dio una excusa:

—Hice un trabajo de investigación y desarrollo para el Grupo Romero hace un tiempo, y vino a pagarme.

La abuela soltó un suspiro de alivio.

—Qué bueno. Ahora que estás ligada a la familia Romero, es normal que de vez en cuando les eches la mano a Diego y a su hermana. Entre familia no hay que andar llevando cuentas por todo. Diego ya nos ha dado demasiado, no deberías andarle cobrando en el futuro.

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