Alejandro se quedó mirando el broche un segundo, se lo guardó en el bolsillo y pensó en tirarlo cuando llegara a su casa.
***
Durante los días que Diego estuvo internado, Elena siguió con su rutina en la oficina y no fue a pararse al hospital ni una sola vez.
Sin embargo, aunque no iba en persona, estaba perfectamente enterada de todo gracias a las historias de Instagram de Adriana.
Subía fotos de Diego dándole de comer en la boca, cepillándole el cabello o incluso sosteniéndole la tablet con una mano para que ella viera sus series mientras él intentaba trabajar en su laptop.
Aunque en las fotos solo se veía el brazo o la mano del hombre, Elena lo reconoció de inmediato.
Para su propia sorpresa, lo tomó con mucha calma.
Le exigiría el divorcio y lo que le correspondía por todo lo vivido. Hubo días en que la rabia la llevó a imaginar cualquier locura, pero esa etapa ya había quedado atrás.
Pero ahora, ya lo había superado.
Diego ya no tenía el poder de arruinarle el día.
En esas semanas había reunido pruebas de sobra. Había llegado la hora de hablar claro y exigir el divorcio junto con el dinero que le correspondía.
Era lo mínimo que le debía.
***
Isabel, sabiendo que su amiga andaba decaída, la invitó a salir.
—Le gané el juicio de divorcio a una clienta y le sacamos la mitad de todo a su ex. Hoy en la noche va a hacer una fiesta privada para celebrar. Invitó a puros juniors y a un par de artistas conocidos. Me dio dos accesos, ¡tienes que venir conmigo!
Elena no tenía muchas ganas de socializar, pero al escuchar el nombre de uno de sus cantantes favoritos, se animó a acompañarla.
Al llegar al lugar, Isabel vio a un cliente y le dijo a Elena:
—Voy a saludar a un cliente. Espérame aquí un momento.
Elena asintió. Tomó un vaso de jugo de la barra y se quedó bebiendo despacio.
Al ver el descaro de la mocosa, Elena perdió la paciencia y le aventó el vaso de jugo directo a la cara.
Adriana quedó empapada, con el cabello pegajoso y el vestido arruinado. Los ojos se le inyectaron de rabia y la fulminó con la mirada.
Aprovechando que la gente estaba distraída, empujó violentamente a Elena hacia el agua.
En el último segundo antes de caer a la alberca, Elena soltó un manotazo y la jaló del brazo con todas sus fuerzas.
Las dos cayeron al agua.
Elena sabía nadar, pero el tobillo lastimado no le respondía y no lograba mantenerse a flote para llegar a la orilla.
Mientras luchaba por mantenerse a flote, un dolor seco le atravesó el vientre. El terror se apoderó de ella al instante, invadida por la angustia de estar a punto de perder lo que más amaba...
—¡Ayuda! —alcanzó a gritar, desesperada.
En ese momento, se escuchó un fuerte chapoteo. Alguien se había lanzado a rescatarlas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....