Entrar Via

Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 40

Y lo peor de todo: ninguno pagaba un solo peso de renta.

Uno de los encargados, al enterarse de que ella venía de la familia Romero, la saludó con una sonrisa de oreja a oreja.

—¡Qué tal, buenas tardes! Yo soy primo de Adriana. Oiga, es que mi tía mandó mensaje al grupo de la familia avisando que, para echarnos la mano, podíamos agarrar los locales de acá sin pagar renta mensual, y pues luego luego nos apuntamos. ¿Usted es la hermana de Diego? ¡Híjole, no saben cómo les agradecemos el favorzote!

Isabela sintió que se le bajaba la presión. Se puso pálida del coraje.

¡Nunca se imaginó que a Diego se le ocurriría entregarle la zona comercial de Havenhill a una oportunista como Adriana!

Y, como era de esperarse, Adriana estaba aprovechando la situación para favorecer a los suyos. ¡Había puesto el patrimonio de los Romero al servicio de toda esa parentela que no hacía más que vivir a costa ajena!

Estaba bien que la familia le prestara una casa para vivir y le diera camionetas del año para moverse, ¡pero eso no significaba que las cosas fueran suyas! ¡Las propiedades del Grupo Romero no tenían por qué ser la beneficencia pública de los Castillo!

Hecha una furia, Isabela sacó el teléfono y llamó a Adriana para exigirle que le diera la cara.

Adriana, muy ilusa, pensó que Isabela la estaba invitando a verse en un café y aceptó fascinada.

Desde lejos, Elena vio a Isabela subirse a un taxi fuera de sí y sonrió para sus adentros. Sabía perfectamente que iba en camino a cantarle un tiro a Adriana.

***

Esa misma tarde, el vicepresidente Montoya le reenvió por correo una invitación para un congreso de especialistas médicos y le preguntó por WhatsApp si le interesaba asistir.

Al checar los temas de las conferencias, a Elena le llamó mucho la atención y confirmó su asistencia.

El domingo al anochecer, tomó el coche y se dirigió al hotel donde se celebraba el evento.

Como el vicepresidente llevaba años en el medio, conocía a medio mundo y pasó buena parte de la velada saludando a colegas y conocidos.

Elena, por su parte, se fue a sentar a su lugar, ojeando los folletos y el programa del evento.

Uno de los ponentes principales de la noche era una verdadera eminencia en el campo de la medicina naturista y alternativa: Fernando Álvarez.

Elena se había devorado casi todas sus publicaciones académicas. Lo admiraba un montón y siempre había soñado con tener la oportunidad de platicar con él.

Cuando el profesor subió al estrado, Elena no le quitó los ojos de encima y hasta sacó una libreta para ir apuntando los detalles más importantes.

Durante la conferencia, el profesor Álvarez notó que, de todo el auditorio, ella era la única que de verdad estaba siguiendo cada palabra. Con una sonrisa, le cedió el micrófono un par de veces para hacerle unas preguntas directas.

Como Elena había crecido aprendiendo medicina natural con su abuelo, nunca se había alejado del tema. Aunque jamás había ejercido de manera oficial, llevaba años estudiando a fondo los libros de medicina que le había dejado su abuelo, así que dominaba la teoría a la perfección.

El profesor Álvarez quedó muy impresionado con sus respuestas. Al finalizar la ponencia, le pidió a su asistente que se acercara a pedirle su número de celular para mantener el contacto.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico