Elena y Héctor estaban un poco desconcertados.
No fue hasta que llegaron a casa por la noche que comprendieron a qué se refería.
Dante les había regalado a ambos el cinco por ciento de las acciones del Grupo Valverde.
Elena consideró que era un obsequio demasiado valioso, por lo que llamó a Bianca para pedirle su opinión.
Bianca rio suavemente por teléfono:
—¿No lo llamaste papá? Él realmente los considera como a sus propios hijos, así que acéptalo. No te sientas culpable por ello.
Elena no pudo evitar reflexionar en silencio: Como esposo, Dante es inmensamente superior a Hugo; y como padre, Dante es muchísimo más generoso que él.
El clima comenzaba a enfriarse.
Una tarde, Elena salió temprano del trabajo y fue a una plaza comercial a comprar abrigos. Le compró dos a Alejandro.
Al notar la sección de ropa formal para hombres maduros al lado, se acercó y le eligió un abrigo y una corbata a Dante.
Dante la trataba como a una hija, así que era natural que ella también se preocupara por él.
Por azares del destino, Hugo estaba probándose ropa en esa misma sección.
Vio cómo Elena escogía un abrigo y una corbata antes de ir a la caja a pagar.
Una sonrisa asomó a sus labios.
Una hija siempre será atenta, pensó. Puede que por fuera actúe de manera fría, pero en el fondo sigue preocupándose por mí.
Apenas baja la temperatura y ya me está comprando un abrigo. Qué niña tan madura.
Inmediatamente dejó a un lado el saco que él mismo había escogido.
La vendedora le preguntó:
—Director Valiente, ¿no le queda bien este? ¿Gusta que le muestre otros?
Hugo apuntó hacia la dirección por la que Elena se había ido:
—No hace falta. Acabo de ver a mi hija comprándome un abrigo, así que hoy no llevaré nada.
La vendedora miró hacia donde iba Elena y pensó extrañada: Pero la talla que eligió esa señorita es completamente diferente a la del director Valiente...
Elena llevó las prendas a la tintorería. Una vez listas, las recogió y guardó los abrigos de Alejandro en el armario de su habitación.
En cuanto al de Dante, le pidió a Bianca que se lo entregara.
Bianca se rio suavemente:
—Dante se pondrá felicísimo cuando sepa que le compraste un abrigo.

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