El rostro de Hugo volvió a paralizarse.
—Es una broma de muy mal gusto, profesor. Mi única hija es Elena, ¿cómo podría ir por ahí adoptando a otras chicas como mis hijas? Si usé a Eulalia como doble de Elena antes, fue solo para hacer feliz a Bianca.
—¿De verdad? Pues el cariño que le mostraba a Eulalia no parecía falso en absoluto. Gastó muchísimo dinero impulsándola e incluso le arrebató oportunidades a Elena para dárselas a ella. Debería sentirse afortunado de que Elena siquiera lo trate con educación, director Valiente.
Hugo, expuesto de esa forma, se puso de todos los colores. Su expresión era un cuadro de absoluta humillación.
Fernando continuó lanzando comentarios mordaces mientras comía tranquilamente.
En aquel proyecto del PD-1, Elena había puesto muchísimo esfuerzo desde el inicio, y Hugo se había entrometido a la fuerza para que Eulalia tomara el lugar de ella.
El solo recordar aquello enfurecía a Fernando.
Elena podría ser lo suficientemente magnánima para dejarlo pasar, pero él era sumamente rencoroso cuando se metían con su gente.
Finalmente, Fernando y Santiago terminaron de comer, completamente satisfechos.
Hugo, sin apetito, apenas probó un par de bocados.
Dudó unos instantes, pero al final no pudo evitar hacer una petición a Fernando:
—Profesor Álvarez, estas flores y este regalo los compré para Elena. ¿Podría hacerme el favor de entregárselos?
Fernando se negó rotundamente:
—A Elena le parece de mal agüero hasta comer con usted, menos va a querer sus regalos. Director Valiente, si realmente quiere que esa muchacha lo odie un poco menos, le sugiero que deje de aparecerse en su vida.
El corazón de Hugo se sintió aún más pesado.
A lo largo de los años, había invertido mucho tiempo y dinero buscando a los gemelos.
Pensaba que, gracias a su inmensa riqueza y estatus social, los dos muchachos lo reconocerían sin dudarlo.

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