Mantener esa enemistad ya no les beneficiaba, por lo que decidió tragarse su orgullo y buscar una tregua, con la esperanza de que Elena tuviera un momento de debilidad y aceptara.
A Elena le pareció ridícula la rapidez con la que esa mujer cambiaba de actitud.
Sonrió con total ironía y dijo:
—¿Familia? Qué buen chiste. ¿Acaso la señora Romero cree que soy el tipo de persona que recibe una bofetada y luego sonríe pidiendo perdón? Cuánto lo lamento, pero no tengo un corazón tan bondadoso.
Tras dejar las cosas claras, dio la vuelta y comenzó a caminar.
Ansiosa por convencerla, Beatriz intentó ir tras ella para seguir hablando, pero justo en ese instante, un repartidor en motocicleta pasó a toda velocidad, rozándola de manera brusca.
Beatriz dio un paso en falso hacia atrás, se torció el tobillo con los tacones y cayó pesadamente al suelo. Un dolor punzante le recorrió la base de la columna.
Su rostro se quedó sin color. Desesperada, le gritó a la joven que se alejaba:
—¡Elena, ayúdame a levantarme!
Elena volteó a verla tirada en el suelo, pero no movió un dedo para ayudarla personalmente. En su lugar, le indicó a Bruno:
—Dile a Leandro que la ayude a ponerse de pie. Su auto debe estar por aquí cerca, solo acompáñenla hasta allí.
Bruno asintió.
Beatriz se quedó perpleja. Al final de cuentas, había sido su suegra por años, y la maldita chica seguía siendo igual de despiadada e implacable.
Su chofer la llevó de urgencia al hospital. Tras varios exámenes, el médico determinó que Beatriz sufría de una fractura del coxis de grado leve, y que debía permanecer en absoluto reposo en cama durante los próximos días.
Si esto hubiera pasado antes, Beatriz sin duda habría llamado a Elena para insultarla y hacer un escándalo.
Pero en las circunstancias actuales, donde su única salida era ganar su favor, solo podía aguantarse y aceptar su mala suerte.
Cuando Diego llegó a casa y se enteró de la caída, fue a preguntarle cómo se había lastimado.
Beatriz le relató todo lo que había ocurrido.
Luego soltó un suspiro dramático:
—Esa Elena no es la misma de antes. En el pasado era dócil y complaciente, y ahora es una víbora de sangre fría. Ay, hijo mío... Me parece que es imposible que ustedes dos vuelvan a estar juntos. Si logramos al menos restablecer una relación cordial con la familia Valverde, ya sería una gran victoria para nosotros.
Diego frunció el ceño visiblemente irritado:
—¿Para qué fuiste a buscarla? Además, te pido que no le andes diciendo esas tonterías sin sentido.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico