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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 753

Tras ver cómo Elena se alejaba sin mirar atrás, Hugo, frustrado y amargado, llamó a Bianca Alvarado.

Bianca no pudo contenerse y le soltó:

—Hugo, ¿te volviste loco? ¿Cómo se te ocurre pedirle a Elena que aborte?

—Bianca, trata de entenderme —intentó justificarse—. Nuestro matrimonio fue un fracaso y no pudimos estar presentes durante su crecimiento. Lo único que quiero es compensar los errores del pasado y guiarla para que tome buenas decisiones. Si Elena tiene a ese niño y al final lo suyo con Alejandro no funciona, esa criatura va a crecer en un hogar roto, y eso es terrible para cualquier niño. Si ese es el caso, es mejor no tenerlo. ¿De verdad es tan descabellado lo que digo?

—Tú siempre estás obsesionado con la perfección, pero jamás te has detenido a pensar en los sentimientos de Elena.

—¿Y se supone que como padres debemos cruzarnos de brazos viéndola arruinar su vida?

—Cuando los hijos son pequeños, puedes guiarlos. Pero ellos ya son adultos, tienen su propio criterio. Mientras no estén cometiendo un delito, nuestro único trabajo es apoyarlos en sus decisiones y cubrirles las espaldas cuando se caigan.

Hugo soltó un suspiro de frustración, pensando que las ideas de su exesposa eran absurdas.

—No entiendo tu forma de criar. Sabes que se va a estrellar y aun así dejas que apueste su vida entera.

—¿Y qué importa si se equivoca? Una familia común tal vez no pueda pagar los platos rotos, ¿pero acaso con nuestro nivel económico no podemos proteger a nuestros hijos? Al final del día, lo único que quieres es que ellos nunca cometan errores porque te aterra tener que lidiar con las consecuencias.

—No se puede hablar contigo, Bianca. Así no es como se educa a un hijo.

—Yo tampoco tengo nada más que hablar contigo —respondió ella con frialdad.

Tras colgar, Bianca se quedó con el pecho oprimido por la indignación.

Menos mal que se habían divorciado hace años, de lo contrario, vivirían peleando a diario.

Hugo, por su parte, no estaba dispuesto a rendirse.

Todas las tardes, a la hora de salida, se aparecía en el trabajo de Elena.

Ella lo trataba con total frialdad y se negaba a dirigirle la palabra.

Hugo se sentía tan ofuscado que intentó llamar a Bianca para desahogarse, pero ella ya ni siquiera le contestaba el teléfono.

Él seguía convencido de que no estaba haciendo nada malo; el problema era que Bianca y Elena no veían las cosas con claridad.

Sentía una necesidad imperiosa de corregir sus errores, de lo contrario no iba a poder dormir en paz.

***

Elena tomó el ramo, sintiendo una inmensa calidez en el pecho.

Alejandro le abrió la puerta y subieron al coche rumbo a la villa donde se hospedaban.

—Esta noche cenaremos con la abuela Vargas y con Sofía.

—Me parece perfecto, hace mucho que no las veo.

A unos metros de distancia, el auto de Isidora estaba estacionado.

Al ver la escena tan íntima y llena de amor entre ambos, sintió como si le clavaran un puñal en el pecho.

Había creído que la obsesión de Alejandro por Elena era solo un capricho pasajero, pero él seguía ahí, firme como una roca.

Desesperada, llamó a Liana.

Sin embargo, Liana estaba demasiado ocupada ayudando a Leonardo a manejar clientes importantes y maquinando contra Ximena, así que no tenía tiempo para sus dramas.

—Isidora, ya te lo había dicho —le respondió Liana sin rodeos—. Aprovechando que Alejandro y Elena viven en ciudades distintas, debiste haberlo drogado y consumado el hecho para que no tuviera escapatoria. Pero como te faltaron agallas, ¿qué otra solución mágica esperas que te dé?

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