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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 5

En la quietud de la noche, Lucía se despertó sobresaltada por una pesadilla.

En el sueño, unos ojos fríos y aterradores la acechaban sin descanso, torturándola hasta dejarla al borde de la locura.

En su vida pasada, Alejandro le había regalado a Jimena una galería de arte, una productora de entretenimiento y, el golpe de gracia, el mismísimo Consorcio García, que le había arrebatado a su propia familia...

¿Cómo no iba a odiarlo? El rencor le hacía apretar los dientes con rabia.

Si analizaba todo el imperio comercial del Grupo Zavala, su red era inmensa. Sin embargo, su empresa tecnológica era la joya de la corona con mayor proyección a futuro. En este momento del pasado, apenas estaba empezando a despuntar.

Lucía tomó una decisión: se adelantaría a Alejandro y compraría la fábrica de microchips que él planeaba adquirir. Además, se robaría a los ingenieros estrella de su equipo tecnológico. Esa era la clave para romper el ciclo en esta segunda oportunidad de vida.

Pero para lograrlo, necesitaba capital urgente.

...

En la casa de la familia García, Doña Rosa solía ser la primera en levantarse.

Tenía que preparar el desayuno para los cuatro miembros de la familia, además del suyo y el de Pinos, el mayordomo, para después ir al mercado a hacer las compras del día.

Esa mañana, cuando salió a la sala aún medio dormida, vio una silueta delgada sentada en la penumbra. Dio un respingo del susto.

—¡Señorita! ¿Qué hace levantada tan temprano?

—Doña Rosa, hágame un favor y búsqueme todos los periódicos de los últimos meses.

—...Enseguida —respondió Doña Rosa. Aunque le pareció extraño, no hizo preguntas. Regresó al rato con una gran pila de periódicos viejos que sacó de la bodega—. ¿Para qué necesita tantos papeles, señorita?

—Para algo importante —respondió Lucía, y cargando el montón, se encerró en su cuarto.

Los esparció por todo el suelo de su habitación y empezó a buscar.

El primer paso era usar sus recuerdos del futuro para comprar la fábrica de microchips que estaba al borde de la quiebra, y también invertir en ciertas acciones que iban a dispararse pronto.

El problema era que no recordaba el maldito nombre de la fábrica. Lucía leía con lupa las pequeñas notas financieras, rogando encontrar alguna pista...

Mientras tanto, la casa cobró vida. Sus padres y Julio se levantaron. Su madre incluso le subió un plato con el desayuno, pidiéndole que comiera algo, pero Lucía estaba tan concentrada que ni le contestó.

Horas después, el sonido insistente de las notificaciones de su celular la sacó de su trance.

Al agarrarlo, vio que el grupo de chat de los hijos de empresarios de Puerto Coral, creado por Lucas Paredes, estaba que ardía. Todos repetían un mismo nombre: Jimena Jiménez.

El corazón de Lucía dio un vuelco al volver a leer ese nombre.

[Escuché que a Alejandro lo aventaron al mar unos mafiosos que manejan los puertos, lo drogaron con algo fuerte. Ahora los Zavala están cazando a todos los que estaban en ese yate].

[Los Zavala están súper agradecidos con Jimena por haberlo salvado].

[Oigan, creo que Alejandro ya le echó el ojo a Jimena. Los vieron cenando juntos en un restaurante].

[¿Neta? ¿Será verdad?]

Alguien etiquetó directamente a Alejandro en el grupo.

Todo mundo estaba vuelto loco con el chisme.

Como era de esperarse, Alejandro los ignoró y no contestó nada.

...

Alejandro se había acostado con Lucía estando completamente drogado y fuera de sí.

No era raro que hubiera confundido a la mujer que lo salvó.

Lucía recordó de golpe que Julio también estaba en ese grupo.

Seguramente él ya estaba leyendo lo de Jimena.

Y tal como lo predijo, Julio la llamó poco después. Su tono de voz delataba que ya sabía todo:

—Sí —admitió Lucía, no tenía caso mentirle.

—Vaya clase de amigas te buscas... —murmuró Julio, decepcionado, antes de colgar.

Lucía se quedó sentada en el suelo un rato, pensando que, a fin de cuentas, era lo mejor. En la otra vida Julio había sentido cierta atracción por Jimena al principio. Con esto, seguramente cualquier interés que tuviera moriría antes de nacer.

Levantó un periódico dispuesta a seguir buscando.

Pero los recuerdos de su vida anterior la asaltaban como olas violentas.

La voz colérica de Alejandro retumbaba en su cabeza: «Lucía, ¡ya es suficiente!».

Cada vez que alguien le ponía una trampa a Jimena, Alejandro estaba convencido de que Lucía lo había ordenado, y le tomó un asco y un odio profundos.

Luego recordaba la brutal campaña de destrucción que Alejandro lanzó contra el Consorcio García: el infarto de su padre, el suicidio de su hermano y hasta el final de su cuñada...

Todos en la alta sociedad la culparon a ella por haber arruinado a su propia familia.

La respiración de Lucía se agitó. Con un dolor punzante en las sienes, tuvo que recostarse en el piso de madera para calmarse.

...

El tono de su celular volvió a interrumpir sus pensamientos.

Esta vez era su mejor amiga, Isabel Luna.

—Lulú, ¿ya te enteraste? Dicen que Alejandro anda detrás de Jimena.

—Lucas subió unas fotos en las que se ve clarito cómo Alejandro la trata como reina en una subasta.

Isabel, que tenía el teléfono en altavoz, le reenvió las imágenes de inmediato.

Lucía les echó un vistazo rápido. En las fotos, Alejandro aparecía hablando por teléfono. El lujoso reloj metálico en su muñeca brillaba bajo la luz; junto a él, sentada muy pegada, estaba Jimena, luciendo un elegante vestido de seda clara que le daba un aire de sofisticada frialdad.

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