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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 4

Doña Leonor, la madre de Alejandro, jamás perdía la oportunidad de hacer de celestina entre Alejandro y Lucía. Aunque a Lucía no le hacía ninguna gracia verlo, necesitaba recuperar su pulsera, así que respondió con un cortés "Claro que sí".

Doña Leonor la observó subir las escaleras y pensó que, al igual que la última vez, Lucía seguía muy callada. Seguramente seguía enojada con Alejandro, pero con lo mucho que ella lo amaba, bastaría que cruzaran dos palabras para reconciliarse.-

Lucía llegó a la puerta del estudio y, justo antes de tocar, escuchó una voz masculina y profunda desde el interior.

—Quién iba a pensar que la señorita Jiménez te salvaría justo en ese momento. Y bien... ¿cómo planeas recompensarla?

—¿Qué te parece si le ofrezco mi vida entera? —respondió la inconfundible y fría voz de Alejandro.

—¿No me digas que te enamoraste? —Gustavo Beltrán soltó una carcajada de sorpresa y luego preguntó—: ¿Y entonces qué vas a hacer con Lucía García?

—Ese tipo de niñas mimadas y caprichosas no son para nada mi tipo.

Al escuchar aquellas palabras, el pecho de Lucía se contrajo de forma dolorosa, aunque no fue por tristeza, después de todo, su amor por él se había muerto en su vida pasada.

Lo que sintió fue una punzada de terror. Había estado dudando estos días sobre quién se había llevado el crédito al final.

¿Había sido la futura estrella Maribel Quintana, o Jimena?

Hasta que escuchó eso, pudo confirmarlo.

Había sido Jimena, otra vez.

Por lo visto, a pesar de que Lucía había intervenido en el curso de las cosas, el final del cuento no había cambiado en absoluto.

¡Vaya que Jimena tenía al destino de su lado!

...

Pero Lucía solo había ido por su pulsera, y ya no le interesaba seguir escuchando. Dio media vuelta y se alejó del estudio en silencio.

Aprovechando que Alejandro estaba ocupado, se escabulló dentro de su recámara. Revisó cajón por cajón, buscó en el clóset y metió la mano debajo de las almohadas. Nada.

Era muy meticulosa; dejaba todo exactamente como lo había encontrado para no levantar sospechas.

Al final, sus ojos se posaron en la caja fuerte. Era absurdo, nadie guardaría una simple pulsera en una caja de seguridad, ¿verdad?

Entonces se le ocurrió otra teoría: cabía la posibilidad de que Alejandro ya le hubiera "devuelto" la pulsera a Jimena, pensando que era suya.

Ante esa lógica, sintió que ya no tenía sentido seguir buscando. E incluso si la encontraba y se la llevaba, solo lograría despertar sospechas si desaparecía de la nada.

Decidió rendirse y estaba a punto de salir cuando escuchó pasos en el pasillo.

Tras años de casados en su vida anterior, Lucía reconocía a la perfección ese caminar pausado, seguro y firme. Era Alejandro. Y se dirigía a la recámara.

Entró en pánico, miró a todos lados buscando una salida y, sin más opciones, se escondió dentro del amplio guardarropa.

Capítulo 4 1

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