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ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso! romance Capítulo 144

C145 - El último cabo suelto

El oficial se detuvo frente a la celda 14-B.

—Voss. Tienes visita médica.

Richard levantó la vista desde el camastro. Frunció el ceño mirando al hombre frente a él, era delgado, de unos cuarenta años, con lentes de montura metálica y una expresión neutral.

El oficial abrió la puerta con un chirrido metálico.

—Te hará una revisión de rutina. —Anunció y se fue.

Richard se puso de pie.

La braga naranja le quedaba holgada, un contraste grotesco con el hombre que había sido unas horas antes.

Miró al médico con desconfianza.

—¿Revisión? ¿Para qué? No tengo problemas de salud.

El médico no respondió, dejó el maletín sobre la mesa y lo abrió.

Richard se acercó, observando el contenido, había jeringas, viales, medicamentos inyectables.

Su estómago se contrajo.

—¿Qué tipo de revisión? —preguntó—. Yo no sufro de nada. ¿Quién autorizó esto?

El médico sacó un par de guantes de látex, se los puso con movimientos lentos y deliberados. Luego tomó un vial de vidrio transparente, lo levantó contra la luz y el líquido brilló como cristal.

Richard retrocedió un paso.

—¿Qué es eso? ¿Qué va a hacer?

El hombre siguió sin responder y en cambio tomó una jeringa, la llenó con el contenido y observó cómo el líquido subía por el émbolo con precisión. Richard retrocedió otro paso y otro hasta que su espalda chocó contra la pared de concreto.

—Respóndame, maldita sea. ¿Qué es eso?

El médico se puso de pie y caminó hacia él.

—No se acerque. —exigió Richard ya preparándose para gritar—. ¡Guar…!

Pero el médico fue más rápido, lo agarró del cuello con una mano y lo estampó contra la pared. Richard intentó gritar, pero no pudo, porque la mano del médico apretaba su tráquea como un tornillo de banco.

El médico se inclinó y le habló al oído.

—Isabelle no deja cabos sueltos.

Y un segundo después hundió la jeringa, Richard sintió el pinchazo, luego el líquido frío entrando en su vena.

El médico retiró la jeringa y soltó su cuello. Richard cayó sobre el camastro, tosiendo y buscando aire.

Miró al médico con odio.

—Esa perra... esa perra... ella…

El médico retrocedió, guardó la jeringa en el maletín y se quitó los guantes con calma.

C145 - El último cabo suelto 1

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