C146 - Movimientos en la oscuridad
HOSPITAL MEMORIAL HERMANN - HOUSTON, TEXAS
Ethan Foster entró a la sala de espera con pasos largos, donde un médico lo esperaba con una carpeta en las manos.
—¿Es usted el contacto del señor Voss?
Ethan asintió.
—Sí. ¿Cómo está?
El médico abrió la carpeta y señaló una imagen de resonancia magnética.
—El daño fue en el hemisferio izquierdo del cerebro, el coágulo bloqueó el flujo sanguíneo a las áreas responsables del lenguaje.
Ethan frunció el ceño.
—¿Puede hablar?
—No. Y escribir tampoco.
—¿Cómo que no puede escribir, ni hablar?
El médico suspiró.
—Se llama agrafia. El derrame no solo dañó su capacidad de hablar, sino también la capacidad del cerebro para estructurar el lenguaje escrito. Puede entender lo que le dicen, pero no puede expresarse de ninguna forma verbal o escrita.
Ethan apretó los puños.
—¿Cuánto tiempo estuvo sin atención?
—Según los reportes, menos de diez minutos, pero el daño fue severo. Alguien con su edad y condición física no debería haber sufrido esto.
Ethan lo miró fijo.
—¿Está diciendo que es raro?
El médico dudó, pero luego asintió.
—Sí. Es muy raro.
Ethan se dio la vuelta, salió de la sala y caminó por el pasillo con pasos furiosos. Sacó su teléfono y marcó un número.
—¿Foster?
—Necesito que vengas al hospital.
Colgó.
Diez minutos después, el encargado de la prisión llegó. Era un hombre de cincuenta años, con uniforme impecable y expresión neutral.
—¿Qué pasó?
Ethan lo miró con ojos de acero.
—¿Por qué Richard Voss recibió una visita médica?
El encargado frunció el ceño.
—Fue solicitada por su abogado. Dijo que Voss tenía antecedentes de hipertensión y quería una revisión preventiva.
—¿Verificaste las credenciales del médico?
—Por supuesto. Venía de MedCare Solutions. Es una de las empresas contratadas por el sistema federal para proporcionar atención médica a los reclusos. Todo estaba en orden.
Ethan sabía cómo funcionaba el sistema de las prisiones federales, no tenían médicos propios para cada recluso. Contrataban empresas privadas que enviaban personal certificado.
Era legal, común. Y el punto perfecto para infiltrar a alguien.
—Bien. Quiero gente custodiando a ese hombre. ¿Entiendes?
El encargado negó.
—Foster, tú no tienes autoridad para...
Ethan dio un paso hacia él y su voz bajó.
—Aquí me huele mal. Y ahora se convirtió en mi problema. Así que vas a hacer lo que te digo, o voy a hacer que el FBI revise cada maldito papel de tu prisión hasta que encuentre algo. ¿Entendido?
El encargado tragó saliva y asintió.
—Entendido.
Se fue.
Ethan sacó su teléfono otra vez y marcó a Ian.
—¿Ethan?
—Tienes un problema.
Del otro lado, Ian escuchó y su cara se ensombreció.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso!