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ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso! romance Capítulo 162

C162-NO SE TRATA DE TI

Savanna pisó el acelerador a fondo, sintiendo cómo los neumáticos del SUV patinaban, el motor rugió, y logró romper la verja de seguridad lanzando astillas de hierro hacia los atacantes, pero la libertad duró escasos kilómetros.

En la carretera principal, el destino se volvió oscuro.

Tres vehículos negros, pesados y sin matrícula, se posicionaron con una sincronía militar, cortándole el paso por el frente y encerrándola por los laterales. Savanna frenó en seco, quedando atrapadas, acorraladas en el centro de la vía.

Jodie, en el asiento trasero, gritaba sin consuelo mientras Ivanna, aterrada por el caos y el movimiento brusco, lloraba con una intensidad que le desgarraba el corazón a Savanna.

Pero ella mantenía los nudillos blancos, clavados en el volante, con la mirada fija en el parabrisas. Su respiración era errática, pero no permitió que una sola lágrima traicionara su fachada de acero. Entonces, la puerta del coche principal se abrió y una figura esbelta emergió bajo la luz de las farolas: era Valeria.

Caminó hacia ellas con pasos lentos, acompañada por cuatro hombres armados que rodeaban el SUV como buitres esperando el momento de atacar.

Al verla, la sangre de Savanna se heló.

—Maldita mujer... —susurró entre dientes, mientras su mente recorría desesperadamente cualquier opción de huida.

Valeria se detuvo junto a la ventanilla del conductor, golpeó el cristal blindado con el cañón de un fusil de asalto, que hizo que Jodie se encogiera en el asiento trasero, todavía Savanna no se movió, ignorando la presión del arma contra el vidrio. El blindaje las protegía momentáneamente, pero el llanto de Ivanna era constante, agudo, insoportable.

Entonces, Valeria sonrió y con un movimiento frío, se giró hacia uno de sus hombres y le hizo una seña. El sujeto sacó un lanzagranadas pequeño, apuntando directamente al motor del SUV.

La amenaza era clara: si no salían, las harían cenizas en cuestión de segundos.

Savanna miró a su bebé, luego a la fría mirada de Valeria, y comprendió que no había otra salida, con las manos temblorosas pero firmes, desbloqueó los seguros. Valeria abrió la puerta con un tirón violento y se inclinó, observando a Savanna con una burla cruel que le cubría el rostro.

—Hola, querida —dijo, con un tono dulce y venenoso—. ¿Cómo has estado?

(…)

En el puerto, Ian sacó su teléfono, marcando una vez, dos veces, tres.

Nada.

El tono de llamada se cortaba invariablemente antes de que alguien respondiera. La impaciencia le recorrió la espalda y sus dedos empezaron a golpear el dispositivo con una violencia contenida.

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