C18- ¿QUIÉN DIABLOS ERES, IAN?
—Por Dios... —susurró, su corazón bombeando a toda velocidad—. ¿Acaso fue él? ¿Acaso... de verdad no es quien dice ser?
Pero entonces negó con la cabeza, retractándose rápido.
«No. ¿Qué estás pensando, Savanna? Ian no está mintiendo. Seguro Thornton se dio cuenta de que invertir con Hayes Industries es lo mejor del mercado.»
Aun así, la duda seguía allí, clavada en su pecho como una astilla.
«Pero... ¿y si...? ¿Y si...?»
—¡Savanna! ¿Estás ahí? —La voz de Jodie la sacó de sus pensamientos—. ¡Savanna! No me digas que te desmayaste de la emoción.
Se recompuso, aclarando su garganta.
—Jodie, hablamos ahora, sí. Mientras tanto, revisa bien el contrato y asegúrate de que no haya nada que nos perjudique. No podemos confiarnos.
—Entendido, jefa. Feliz día.
Jodie colgó y Savanna dejó el teléfono sobre la cama, con duda aún revoloteando en su pecho como un pájaro enjaulado.
—Dios, Savanna... no te compliques la vida, ¿sí? Deja de pensar tonterías. Y mejor ve a prepararte. De la forma que sea, que Thornton haya cambiado de opinión le causará una bilis a Arthur. Y eso no tiene precio.
Se levantó, dirigiéndose al baño. Necesitaba ducharse, vestirse, enfocarse en el día que tenía por delante.
No en Ian y sus secretos.
Pero mientras el agua caliente caía sobre ella, no podía dejar de pensar en cómo la había mirado. En cómo la había tocado, en cómo había estado a punto de besarla y en cómo, de alguna forma, Gerald Thornton había cambiado de opinión en menos de veinticuatro horas.
Cuando estuvo lista, salió de su habitación y fue directo a la cocina por su café. Entonces vio el saco de Ian sobre el sofá.
Se detuvo.
La duda apareció de nuevo, más fuerte esta vez. Miró hacia la habitación de Ian y luego miró el saco.
«No lo hagas, Savanna. No seas esa mujer.»
Pero sus pies ya se movían. Sin pensar más, fue hacia el sofá y comenzó a revisar los bolsillos.
No encontró nada en el primero, tampoco en el segundo, hasta que sus dedos rozaron algo en el bolsillo interior.
Un pedazo de papel.
Lo sacó y era un ticket de entrada. "Velvet Room."
Savanna lo miró fijo, con los latidos de su corazón acelerándose.
Había escuchado de ese lugar, era un club exclusivo donde los millonarios iban a hacer negocios y a olvidar sus problemas. Era un lugar donde un "guardaespaldas" nunca podría entrar.
Sus sospechas crecieron como una ola.
«¿Quién diablos eres, Ian?»
—Savanna, vamos a llegar tarde. ¿Estás lista?
La voz de Ian la hizo saltar. Dejó el saco como estaba, girándose justo cuando él salía de su habitación.
Él llevaba un traje negro impecable, su cabello estaba peinado hacia atrás, mostrando su rostro angular. Se veía... peligroso. Poderoso. Hermoso.
Sonrió al verla.
—Ah, aquí estás. ¿Nos vamos?
Savanna asintió, apretando el ticket en su mano, que escondió detrás de su espalda.
—Sí. Eh… ¿no tomarás café?
—Sí, claro.
Ian se giró para ir por el suyo y Savanna aprovechó el momento para guardar el ticket en su bolso. Su mente corría a mil por hora y ahora necesitaba respuestas, porque ahora más que nunca, iba a descubrir qué era.
En el auto, Ian conducía en silencio y Savanna lo observaba de reojo.

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