C19: ESTABA ENAMORADO.
—¿Tuviste algo que ver con esto? Dime la verdad, Ian. ¿Tú tuviste que ver con el cambio de Thornton?
Él se quedó inmóvil. Mientras sus ojos la estudiaban con una calma que no sentía. Podía ver el brillo de sospecha en su mirada, la forma en que apretaba los labios, esperando una respuesta que él no podía darle.
Ella era inteligente. Demasiado inteligente.
Y por un segundo, un maldito segundo, consideró decirle la verdad. Quitarse la máscara y mostrarle quién era realmente. Pero entonces pensó en los enemigos que tenía, en los hombres que lo buscaban, en las amenazas que acechaban en las sombras.
Si ella sabía la verdad, se convertiría en un objetivo.
Y eso no podía permitirlo.
—Savanna...
Pero antes de que pudiera terminar, ella metió la mano en su bolso y sacó el ticket del Velvet Room y lo estampó contra su pecho.
—Deja de mentirme sobre quién eres. Ahora. O juro por Dios que llamo a la policía.
Ian miró el ticket y luego la miró a ella.
Su mente era un campo de batalla. Decirle la verdad o protegerla con mentiras. Había construido su vida solo, sin nadie. Había perdido a sus padres a los dieciséis y desde entonces, nadie le había importado lo suficiente como para hacerlo dudar.
Nadie.
Hasta ahora.
Hasta esta mujer que apenas conocía pero que se le había metido bajo la piel como un veneno dulce. Y si algo le pasaba, si uno de sus enemigos la tocaba, entonces él moriría completamente.
No quedaría nada de él.
Así que no.
No le diría nada.
Pero su silencio fue interpretado como rechazo. Savanna apretó los labios, sus ojos brillando con algo que parecía dolor mezclado con rabia.
—Ok. No vas a decirme nada. —Dio un paso atrás, apartándose de él—. Entonces supongo que no tenemos nada más que hablar.
Se giró, sacando su teléfono del bolsillo, dispuesta a marcar. Pero Ian se movió antes de pensarlo. La agarró de la muñeca y la jaló hacia él con fuerza. Savanna chocó contra su pecho, su aliento escapándose en un jadeo sorprendido.
Y entonces él hizo lo que había estado deseando desde la noche anterior.
La besó.
Sus labios se estrellaron contra los de ella con una urgencia que lo sorprendió incluso a él. No fue suave, tampoco tierno. Fue hambriento, desesperado, como si quisiera devorarla entera.


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