El jardín volvió a quedar en silencio tras la expulsión de Seraphina. Los niños se habían alejado hacia el estanque, bajo la vigilancia de Marcus, dejando a Dante y Elara en una soledad cargada de electricidad. Elara se cruzó de brazos, frotándolos como si tuviera frío a pesar del sol, y se giró hacia el hombre que seguía observándola con sus implacables ojos oscuros.
—Gracias por lo de hace un momento —dijo ella, con una voz que intentaba ser firme pero que traicionaba su cansancio—. Gracias por defender a los niños. Y a mí. Pero no era necesario que llegaras a esos extremos por mí, Dante.
Dante arqueó una ceja, metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón de sastre.
—Nadie le grita a la madre de mis hijos en mi propia casa. Es una cuestión de jerarquía, no de cortesía.
Elara soltó un suspiro amargo y dio un paso hacia él, decidida a terminar con la farsa.
—Eso es precisamente de lo que quería hablarte. Amara ya está estable. Eleonora está mejorando. Mi trabajo aquí como doctora está cumpliendo su fase crítica. Dante, no quiero quedarme en esta casa. No soy una prisionera y no voy a aceptar el mismo trato que hace años. No voy a vivir en una jaula de oro esperando tus migajas o tus reproches.
Dante entrecerró los ojos, su mandíbula se tensó de tal forma que parecía hecha de granito.
—¿Ah, sí? ¿Y qué sugieres, Elara?
—Sugiero la realidad —respondió ella, ganando terreno—. Tú puedes hacer tu vida con quien quieras, reconstruir tu mundo. Ya que he vuelto, tramitemos el divorcio. No somos pareja, Dante. Somos dos extraños que comparten dos hijos. Quiero volver a mi hogar. Puedes visitar a los niños cuando quieras, traerlos aquí los fines de semana, pasar todo el tiempo que desees con ellos. Pero yo no aceptaré que me trates como si me hubieras comprado en una subasta.
Dante soltó una carcajada seca, un sonido peligroso que hizo que los pájaros del jardín alzaran el vuelo.
—¿El divorcio? —Se acercó a ella con una lentitud depredadora—. ¿De verdad crees que después de cinco años de vacío, voy a dejar que te lleves a mis hijos a un apartamento de dos habitaciones en algún lugar donde no pueda vigilarlos? Me ocultaste mi vida entera, Elara. Dijiste que lo hacías para "protegerlos", pero solo los protegías de la verdad.

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