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Cadenas de odio: La esposa equivocada romance Capítulo 114

La mañana en la mansión Vance comenzó con un ritmo inusual. El silencio sepulcral al que Dante estaba acostumbrado había sido reemplazado por el eco de las risas de Mateo corriendo por los pasillos y el sonido de los dibujos animados que Amara veía en la estancia. Elara, por su parte, intentaba concentrarse en revisar unos informes médicos en su tableta, pero su mente no dejaba de dar vueltas a la gala de la próxima semana.

​Su teléfono vibró sobre la mesa de noche, rompiendo su hilo de pensamiento. Al ver el nombre en la pantalla, una sonrisa genuina iluminó su rostro.

​—¡Sophie! —contestó Elara, sintiendo un alivio inmediato.

​—¡Hasta que apareces, mujer! —la voz de Sophie resonó con su energía habitual—. Me enteré de que la "Doctora Ríos" se tomó una licencia indefinida. Supuse que estarías lidiando con cierta bestia de ojos grises, pero no pensé que te olvidarías de tu mejor amiga.

​Elara soltó una pequeña risa, bajando la voz por instinto. Sophie había sido su compañera de batallas en la facultad; fue ella quien la ayudó a desaparecer y quien ahora la recibía de vuelta.

​—Estoy bien, Soph. Solo... tratando de que los niños se adapten y de no volverme loca en el proceso.

​—Bueno, pues te tengo la cura. Mañana hay una reunión del grupo de la universidad. Todos los ex compañeros de medicina van a estar ahí. Es el reencuentro que planeamos hace meses y, ahora que estás en la ciudad, no acepto un no por respuesta. Necesitas recordar quién eres tú, Elara, más allá de ser madre y... bueno, de ser "su" esposa.

​Elara guardó silencio. Volver a ver a sus colegas era justo lo que necesitaba para no sentirse asfixiada.

​—Cuenta conmigo. Necesito aire —sentenció.

​Poco después, el salón se convirtió en una escena de actividad frenética. Vincenzo, el sastre de confianza de los Vance, medía a Mateo, quien preguntaba para qué servían tantas tizas de colores. Amara observaba un rollo de seda azul noche con fascinación silenciosa.

​Dante estaba de pie cerca de la ventana. Al ver a Elara bajar, dejó su tablet y se acercó.

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