Entrar Via

Cadenas de odio: La esposa equivocada romance Capítulo 166

El sol de la mañana se filtraba entre los edificios del distrito médico, proyectando líneas angulosas sobre el pavimento limpio. Elara detuvo su automóvil frente a la dirección que le había indicado la agencia de bienes raíces. Llevaba una carpeta de cuero bajo el brazo, su tableta y la firme determinación de no mirar atrás. Vestía un traje de sastre en tono azul marino que acentuaba su postura profesional; la doctora Elara no iba a permitir que el colapso de su matrimonio interfiriera con la vocación que tanto esfuerzo le había costado consolidar por mérito propio.

​El agente inmobiliario, un hombre de mediana edad llamado Sr. Mendoza, ya la esperaba en la entrada de un edificio de fachada de cristal templado y mármol gris.

​—Doctora Ríos, es un placer —saludó el hombre con una sonrisa ensayada, extendiéndole la mano—. El sector que solicita es el más cotizado de la zona. Tenemos dos opciones disponibles que se adaptan a los requerimientos de una clínica privada de primer nivel. Acompáñeme, por favor.

​Elara asintió, agradeciendo el uso de su apellido de soltera. Al cruzar el umbral del primer local en el cuarto piso, el olor a pintura fresca y a espacio deshabitado la recibió. El lugar era amplio, con ventanales que ofrecían una vista panorámica de las avenidas principales, pero el espacio se sentía extrañamente frío, segmentado por paneles de yeso que reducían la fluidez del aire.

​—Este cuenta con tres consultorios independientes, un área de recepción y una pequeña sala de laboratorio —explicó Mendoza, señalando con el bolígrafo los planos—. Las especificaciones técnicas de la instalación eléctrica y de agua cumplen con todas las normativas del ministerio de salud.

​Elara caminó por el pasillo central, tocando la superficie de los muros. Sus ojos evaluaban la iluminación natural y la disposición del espacio. Visualizó la recepción, imaginando el mostrador de madera clara donde colocaría el dibujo del tiranosaurio de Amara para los pacientes más pequeños. Sin embargo, algo en la distribución no terminaba de convencerla; los cubículos eran demasiado estrechos, quitándole la presencia imponente que buscaba para una clínica médica integral.

​—Muéstreme la segunda opción, por favor —solicitó con voz firme, sin denotar prisa.

​El segundo local, ubicado dos plantas más arriba, fue una revelación. Era una planta libre, inundada por una luz natural cálida que suavizaba los ángulos de las columnas de concreto. El espacio permitía diseñar la estructura desde cero, creando un ambiente abierto, versátil para la consulta de adultos y con un área adaptada para pacientes pediátricos, con consultorios amplios donde las familias pudieran sentirse cómodas.

​—Este requiere una inversión inicial mayor para las divisiones y los acabados, doctora —advirtió el agente, observando el brillo de interés en los ojos de la mujer—. En esta zona exclusiva, los inversores corporativos suelen absorber estos espacios en cuestión de días.

​—Este es el indicado —afirmó Elara, volviéndose hacia él con absoluta seguridad—. Quiero que configuremos los términos del contrato hoy mismo. El diseño correrá por mi cuenta. Necesito los planos de las instalaciones estructurales básicos para entregárselos al arquitecto.

​El Sr. Mendoza sonrió con genuino entusiasmo, abriendo su portafolios para extraer los formularios de reserva. Elara abrió su carpeta y extrajo los documentos de su cuenta de ahorros personal. Era el capital que había acumulado pacientemente con su propio trabajo médico, una cuenta privada que Dante jamás había tocado ni conocido. Colocó los papeles sobre la mesa, sintiendo que cada firma que estampaba no era solo un trámite comercial, sino un ladrillo en la reconstrucción de su propia identidad. Era el inicio de su absoluta libertad.

​Mientras tanto, en el edificio corporativo de Vance Enterprises, la atmósfera se mantenía cargada de una eficiencia implacable. Dante contemplaba unos informes financieros en la pantalla de su computadora en el piso cincuenta, manteniendo su habitual rigidez profesional.

​Un golpe suave en la puerta interrumpió su escrutinio. Marcus entró sosteniendo una carpeta de color negro.

​—Señor, el ama de llaves confirma que el ala norte de la mansión ha sido desmantelada por completo —informó, colocando el documento sobre el escritorio—. Todas las pertenencias de la señora Elara que permanecían en la habitación de huéspedes han sido inventariadas y trasladadas al depósito privado que usted indicó. Las habitaciones han quedado selladas.

​Dante no levantó la vista de inmediato. Sus dedos rozaron la superficie lisa de la tableta de trabajo, justo al lado de donde permanecía, intacto y cerrado, el estuche de terciopelo azul con el reloj de platino que Viviana Belmonte le había dejado la tarde anterior.

​—Bien —repuso Dante con su voz barítona, desprovista de emoción—. ¿Y el bufete de Harold?

​—El abogado está revisando los detalles del esquema para los niños. Sin embargo, hay un asunto del que acabo de ser notificado por el departamento de desarrollo inmobiliario de nuestra filial. Como sabe, el edificio del distrito médico del centro pertenece a uno de nuestros fondos de inversión.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cadenas de odio: La esposa equivocada