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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1215

—¡Ni me lo recuerdes, qué vergüenza! —Mireya se cubrió la cara.

Ese chavo de su ciudad se le había declarado a Mireya con un ramo de rosas de plástico horribles.

Macarena no le hizo caso a los deseos de Mireya y le contó a Cecilia con una sonrisa burlona:

—Esas rosas eran de las que la gente hacía a mano hace diez años.

—Le dijo: «Son rosas hechas con mis propias manos, espero que te gusten, Mireya».

—Y también: «Espero que nuestros días juntos sean tan dulces como tu nombre».

Mireya intervino desde un lado:

—Fue tan asqueroso que hasta mi propio nombre me dio asco.

Cecilia se quedó sin palabras por un momento y luego dijo:

—Yo creo que al menos fue bastante sincero.

Tampoco sonaba tan repulsivo.

Macarena soltó una carcajada:

—Pero el tipo está chaparrito, feo a morir y moreno como el carbón. Mireya le saca una cabeza de altura.

Mireya también recordó esa cara. No es que discriminara por el físico, pero no podía negar que le importaba mucho la apariencia.

—La verdad es que no lo ayuda para nada su cara.

—Cof, cof… —Cecilia casi se ahoga con su propia saliva—.

—¿Y de dónde sacó el valor para invitarte a salir?

Mireya tenía un rostro angelical, una chica muy dulce, haciendo honor a su nombre.

—¡No tengo idea! Qué mala suerte tengo.

—Ni siquiera lo conozco, solo coincidimos en una comida con otros foráneos de nuestro estado.

—Y ni siquiera estábamos en la misma mesa.

—Ahora que lo pienso, seguro fue porque estaba tan feo que me le quedé viendo un segundo de más.

—¡Solo fue una mirada! ¡No merezco este castigo!

¿Por qué eso le trajo una maldición así?

—¡Jajaja! ¡Nadie te manda a andarle echando el ojo! —Cecilia tampoco pudo aguantar la risa.

Mireya sí que tenía mala suerte. Solo miró al chaparrito ese por un segundo y el tipo ya se había obsesionado con ella.

Sobre todo ese chaparrito, que por su apariencia seguro nunca había sido correspondido por una chica en toda su vida.

A lo mejor hasta tenía problemas de delirio para pensar que Mireya estaba enamorada de él solo por una mirada.

Si se ponía a esparcir chismes por ahí, la única perjudicada sería ella.

Aunque al final se aclararan las cosas, ese tipo de personas eran como moscas: no te matan, pero te fastidian la vida.

—Al final, yo le volteé un plato de comida encima al tipo para defender a Mireya —dijo Macarena—.

—Y le advertí que le iba a llamar a la policía para denunciarlo por acoso.

—Luego fuimos con su coordinador académico, y Mireya también habló con el suyo, hasta que por fin aclaramos todo el enredo.

—Ah, por cierto, yo quería obligarlo a pedirle disculpas a Mireya en la cafetería durante tres días seguidos con un megáfono, pero ella me dijo que lo dejara así.

Mireya recordó el asunto y negó con la cabeza:

—Mejor así. De verdad no soporto la idea de gustarle a alguien como él.

—Lo peor es que estaba convencido de que era yo la que estaba loca por él. Eso me superó por completo.

—Si lo obligábamos a disculparse por tres días, toda la universidad se iba a enterar del chisme. Nos iban a traer en boca de todos por meses.

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