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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1421

Adara, la tía segunda, era realmente un caso.

Su visión del matrimonio era muy distinta a la de una persona común.

Mercedes Ortega, al ver entrar a Cecilia y a Agustín, cerró la boca de inmediato.

Pero aun así, le lanzó una mirada fulminante a su hija.

Que no creyera que no se había dado cuenta de que Cecilia estaba aguantándose la risa.

A su edad, después de que una joven de la familia le hubiera faltado el respeto en su cara, tener que soportar que otra se riera de ella era simplemente indignante. ¿Acaso no podía vivir en paz?

Adara soltó una risita nerviosa, sin darle mucha importancia a la sonrisa de Cecilia.

Que se riera si quería, no le pasaría nada por eso.

Ella ya estaba disfrutando de los beneficios reales de su situación.

¿Cómo iba a compararse la barriga cervecera de Gonzalo con el abdomen de un chico joven?

Además, Gonzalo ya no daba la talla desde que había pasado los treinta y cinco.

Y una mujer en esa etapa está en la plenitud de su vida, con necesidades.

Por eso, la primera vez que atrapó a Gonzalo siéndole infiel, se indignó. Pero para la segunda o tercera vez, hasta empezó a sentirse aliviada.

Si él no pensaba respetar los votos matrimoniales, ¿por qué iba ella a comportarse como la esposa abnegada?

¿No era mejor simplemente dejarse llevar y disfrutar de la vida?

Cecilia solo tuvo que mirar la expresión de Adara para saber exactamente qué estaba pensando.

«Tiene todo mi respeto. ¡Es usted un verdadero modelo a seguir!», pensó Cecilia, dándole su aprobación en silencio.

Claro que no cualquiera podría aceptar un matrimonio con esas condiciones.

Pero cuando se llega a cierto punto, dejar ir al otro y liberarse a uno mismo es la única forma de vivir mejor.

Quienes se aferraban a relaciones muertas solo terminaban amargándose la vida.

—Ceci, ya entraron. ¿Y Aurora? ¿Cómo está? —preguntó Lourdes Palacios.

Lourdes cambió de tema rápidamente, temerosa de que doña Mercedes volviera a arremeter contra su sobrina.

Tenía razón. Quien se había llevado la peor parte ese día era Aurora.

Todos miraron a Cecilia, ansiosos por saber cómo estaba la chica.

Cualquiera quedaría destrozado si su propia madre intentara venderla al mejor postor. Ojalá no hiciera ninguna locura.

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