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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1428

—Para empezar, si no hubieran sido tan favoritistas y no le hubieran entregado ese matrimonio tan ventajoso a una bastarda que ni siquiera lleva su apellido, ¡Aurora no tendría que estarse rebajando a ir a citas a ciegas!

—¡Nosotros solo buscábamos lo mejor para Aurora! Si no quieren agradecernos, muy bien, ¡pero que encima nos juzguen es el colmo!

—¡Los Ortega son unos malagradecidos sin corazón!

Martha se desahogó, destilando veneno.

Ya tenía por costumbre hablar mal de la familia política de su hija.

Todo porque, desde que Helena se había casado, los Gallegos no habían obtenido ni la mitad de los beneficios que esperaban.

Consideraban a los Ortega unos tacaños egoístas por no apoyar económicamente a su familia política cada vez que lo necesitaban.

Los Gallegos llevaban años acumulando resentimiento. Al principio los adulaban, pero cuando vieron que no les caía dinero del cielo, esa adulación se transformó en odio.

—Mamá, ¡ni me lo recuerdes! Los Ortega son unos desgraciados, y ese imbécil de Jaime ahora quiere el divorcio —soltó Helena, dejando caer la bomba.

Al escuchar eso, todos los Gallegos palidecieron, completamente atónitos.

Silvia Gallegos, su cuñada, frunció el ceño con fingida preocupación.

—Hermana, ¿qué pasó? ¿Por qué Jaime quiere separarse de ti?

—Con todo lo que te sacrificaste para darle dos hijos maravillosos... Ahora que la niña ya creció y el niño está por hacer su examen de admisión, ¿te quiere echar a la calle como si fueras basura?

Aunque sus palabras sonaban compasivas, en su interior, Silvia estaba disfrutando la noticia.

Su cuñada se la pasaba llegando a la casa dándose ínfulas de gran señora, actuando como si los Gallegos no fueran nada sin ella y su matrimonio de oro.

Hacía mucho tiempo que Silvia estaba harta de esa actitud arrogante.

Pero no le quedaba de otra más que aguantarla, pues necesitaba de los favores de Helena para asegurar un mejor futuro para sus propios hijos.

Sin embargo, siempre se había preguntado cómo era posible que una mujer tan tonta e insoportable como ella hubiera logrado un matrimonio tan envidiable.

Si ella hubiera sido quien se casara con Jaime Ortega, no tendría que estar soportando desplantes de nadie, ni rebajándose ante sus suegros en su propia casa.

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