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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1444

La profe Leticia pareció leerle la mente a doña Clara y respondió con una sonrisa de orgullo:

—Esta niña es brillante, estudia en la facultad de medicina de la Universidad de Viento Claro.

Los ojos de doña Clara se iluminaron. ¡Esa sí que era una gran universidad! Como era de esperarse de la familia de Leticia, todos compartían esos genes inteligentes. ¿Quién no querría una madre tan lista para sus futuros nietos? Si los niños heredaban su inteligencia, serían unos genios.

—Ay, déjenme acompañarlas un rato, me encantan las chicas inteligentes —dijo doña Clara sin disimular su entusiasmo—. Mi hijo, en cambio, como no era muy bueno para los estudios, se fue a... bueno, en realidad fue porque quería defender a la patria, por eso se metió al ejército.

Leticia captó la indirecta al instante. Doña Clara estaba intentando venderle a su hijo. Pero Leticia ya tenía los ojos puestos en Cecilia para Adolfo, y bajo ninguna circunstancia iba a permitir que se la robaran. Así que empezó a intervenir y cambiar de tema con astucia.

El paseo se convirtió en un disimulado campo de batalla donde ambas señoras alababan a sus respectivos hijos.

Caminando junto a ellas, Cecilia sentía tanta vergüenza ajena que quería que la tierra se la tragara. Las dos mujeres, sin embargo, parecían no darse cuenta de la incomodidad de la joven. En el camino, se cruzaron con más vecinos. Algunos preguntaban por curiosidad sobre la identidad de Cecilia, pero por suerte, nadie más se unió al paseo de manera tan insistente como doña Clara.

Aunque solo caminaron media hora, para Cecilia se sintió como una eternidad. Cuando vio que el tiempo era prudente, se apresuró a recordarle a Leticia que debían regresar.

Leticia suspiró aliviada. Temía que si seguían caminando, no podría evitar que doña Clara propusiera una cita a ciegas de forma directa. Además, ella misma aún no tenía claro qué tipo de relación había entre Cecilia y su propio hijo, por lo que prefería no hacer promesas imprudentes.

—Bueno, nosotras ya nos retiramos —se despidió Leticia de doña Clara, tomando a Cecilia del brazo y caminando a paso rápido hacia su casa, como si las persiguiera un león.

—Profe Leticia, no hay necesidad de correr —dijo Cecilia, dudando un poco al ver su prisa.

Leticia soltó una risa nerviosa y bajó un poco el ritmo.

—No te preocupes, Ceci. Vamos con calma.

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