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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 655

Cecilia no pudo evitar soltar una carcajada.

A Arturo no le hizo ninguna gracia verla reír. Él estaba hablando en serio, incluso pidiéndole ayuda a la muchacha.

¿Y ella?

No mostraba ni una pizca de respeto hacia él.

¿Acaso se estaba burlando de él y ya no lo tomaba en cuenta?

—Señor, dejando de lado el hecho de que no tengo la cantidad de dinero que necesita, hablemos de mi relación con Héctor —dijo Cecilia—. ¿Por qué habría de casarme con él? No me gusta. Siempre lo vi como a alguien con quien crecí, no como pareja. ¿Quién en su sano juicio se enamoraría de alguien de su propia familia?

Arturo se quedó sin palabras. «Fui demasiado confiado», pensó.

Nunca imaginó que le harían el feo a su propio hijo.

—No pasa nada si no te gusta, solo era una sugerencia.

Arturo notó de inmediato el rechazo de Cecilia hacia Héctor.

Y con razón, Héctor se la había pasado molestándola desde que eran niños. Sería un milagro que a Cecilia le cayera bien.

No quería hacerla enojar, así que intentó calmar las aguas.

—Sé que si te pido dinero en efectivo no lo tienes, pero eres dueña de una casa antigua que vale cientos de millones de pesos.

—¿Me está sugiriendo que venda la casa que me dio la abuela para tapar el hoyo financiero de su empresa?

A Cecilia le pareció un chiste de mal gusto.

Jamás imaginó que Arturo fuera tan ingenuo.

Arturo se quedó mudo. Sabía que Cecilia podía rechazarlo, pero no esperaba que fuera tan tajante.

«Claro que soy tajante», pensó Cecilia. «Si no, me vas a querer chantajear emocionalmente».

—Ceci... no te estoy pidiendo el dinero regalado —insistió Arturo, tratando de convencerla.

Ella asintió.

—Lo sé, pero la casa no es mía, así que no puedo hipotecarla.

—Pues platícalo con tu abuela. Estoy seguro de que la señora Lorena Ortiz es una mujer razonable. Si nos ayuda a que la familia Ortiz supere esta crisis, te pagaré hasta el último peso que te corresponda.

—No necesito ese dinero, y tampoco voy a convencer a mi abuela —respondió Cecilia con firmeza—. Esas son las cosas de la señora y no se tocan.

—Ceci, no me digas que no tan rápido. Ve a casa y platícalo con ella. Piensa en quién te dio una vida llena de comodidades durante los últimos dieciocho años.

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