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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 661

—Cecilia no es tu hija biológica, así que la cambiaste por Delfina. Ahora que sabes que Delfina tampoco es tuya, ¿a quién más planeas usar de intercambio?

—¿O será que, como la familia Gallegos ya no te sirve para sacar a la empresa del hoyo, quieres aprovecharte de Delfina para buscar un nuevo socio?

Ivana estaba furiosa. Le parecía que Arturo era un hombre con el corazón de piedra, totalmente insensible.

—Con la familia Gallegos ya estamos metidos en el mismo barco, nos hundimos o nadamos juntos. Pero si queremos salvar la empresa, no queda de otra más que buscar por otro lado.

—La familia Gallegos no puede echarnos la mano, pero la familia Quintana sí.

Arturo aguantaba los gritos de Ivana con una frialdad absoluta, sin inmutarse.

—Es imposible. Aunque Delfina no se casara con Ramiro, jamás terminaría con el joven Quintana —se opuso Ivana.

Y agregó:

—A Irene le gustan las jovencitas brillantes. Con las calificaciones que trae Delfina, a duras penas va a entrar a una escuela común y corriente, ni de chiste cumple con lo que Irene busca.

—Además, ya está comprometida con Ramiro. Si rompemos ese acuerdo, vamos a quedar como unos mentirosos y traicioneros.

—Y los Quintana son muy orgullosos, no creo que acepten las sobras.

—Si de verdad te urge tanto arreglar un matrimonio, mejor trata de convencer a Thiago y a Wilma para que ofrezcan a la chamaca de Fina.

—La familia de Thiago lleva años colgada de nosotros viviendo a todo dar; al final de cuentas, también son parte de la familia Ortiz.

—Ahorita que la empresa está pasando por un mal rato, es lógico que todos arrimemos el hombro para solucionarlo.

—Irene anda buscando una nuera, y como Josefina no está comprometida, podríamos probar con ella primero.

Al ver cómo Arturo fruncía el ceño, Ivana supo que él seguía terco con la idea de usar a su hija como moneda de cambio.

Sabía bien que, en el fondo, Arturo no toleraba el hecho de que Delfina no fuera suya y de que ella le hubiera puesto los cuernos.

—Mi amor, tienes que creerme. Nunca quise traicionarte, no fue mi intención.

—¿Acaso ya no te acuerdas? Cuando nos casamos, me prometiste que siempre me darías mi lugar y que jamás tendrías hijos por fuera.

—Por eso, cuando vi que Perla se te insinuaba con tanta desfachatez y encima venía a retarme a mí, tu esposa legítima... me dolió tanto que salí a ahogar mis penas en alcohol.

—Si no te amara tanto, ¿tú crees que me hubiera importado que otra mujer se embarazara de ti?

Arturo, al escucharla confesar por voluntad propia que Delfina no era suya, puso una cara seria como el hielo.

—¡Yo jamás quise tener un hijo con Perla, eso solo fue un accidente!

En aquel entonces, él siempre sospechó que esa mujer de Perla le había tendido una trampa para amarrarlo; de lo contrario, ¿cómo se iba a embarazar?

Por esa razón, nunca tuvo intenciones de casarse con Perla. Solo le daba largas con la esperanza de convencerla de que abortara.

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